Se desmayan los últimos colores
con los que teñíamos de ilusión nuestra cama.
No puedo dormir con tu almohada vacía
pero tampoco rondar tus sueños me seduce ya.
Bombardeado, con el urgente desafío sin ti
de nombrar un gobierno de salvación.
Contigo no puedo, no debo ya contar,
ojalá me hubieras acostumbrado a decidir.
Ahora me veo en el empeño
de empezar otra vez de cero.
Obligado de nuevo a salir a cazar
con mis armas de fogueo.
Si no te hubieras marchado jamás…
Prefiero quedarme con los hechos
aunque sin duda los cambiaría por verte.
De nada me sirve llevar la razón
y estar aquí, mirando al techo.
Sigo siendo tan tuyo como tú fuiste mía
cuando me amabas en aquella cama prestada.
Ya sólo puedo sentirme un funcionario mental
apenas con inquietas y baratas compañías.
Rondaría tus sueños, y tu regazo,
no dudaría ni (por) un instante.
Harto de promesas incumplidas,
de lejanos besos. De simples retazos.
Lo que no es de uno no se puede perder,
y sin ti ya sólo me queda salir de tu madriguera,
y olvidarte de un plumazo para no enloquecer,
arrancando,una a una,
todas tus narcóticas cremalleras.
Las locuras que me obligabas a cometer
me difuminaban en insulsas noches de espera,
dilapidando mis poemas en tu somier,
perdiendo canciones,
cerrándome puertas.
La habitación de mis sueños desordenaste
con ilegales órdenes de registro.
Con tus absurdos y egoístas disfraces
de falacias,de malicia y
pérfidos artificios.
Sólo se avista la alegría a través del dolor,
igual que se puede sentir la libertad
exclusivamente si se conoce a fondo una prisión.
Yo la mía ya la sufrí,
aquietado en tu insolencia.
Ya lloré todo lo que guardaba dentro,
llegando a acariciar la extenuación.
Mas no me dejaré vencer por el rencor,
extirpando,una a una,
todas tus ofensas.
A Jesús F., poeta del conocimiento.
Un leve soplo de viento proveniente del sur
me trajo-en forma de libro-una brizna de hierba
de un jardín de Fuente Vaqueros por siempre latente.
Dicha hebra,apenas frágil pero inquebrantable luz,
es recuerdo de sensibilidades propias del poeta,
lazo envolvente de su pátina de presencia perenne.
Y me lleva al encuentro,con su pálido reflejo,
de grandes hombres que saben apreciar la belleza,
que luchan por la libertad
y enarbolan banderas enardecidas por la integridad y la valentía.
Hombres como él.Hombres como tú.
En enero hiciste que me enamorara de ti.
Y resultó tan sencillo como displicente
tu desaparición en febrero.
En marzo me ayudaste a creer de nuevo
para difuminarte sin dilación en abril.
En mayo floreciste,
pero en junio y en julio te evaporaste
como gota de lluvia por el sol.
En agosto simplemente te fuiste de vacaciones.
En septiembre volviste a mostrarte
con la misma ligereza con la que te desvaneciste
entre octubre y noviembre.
Y en diciembre…
En diciembre me vuelves a hacer pensar
que el próximo enero aparecerás.
Quizás no esté tan mal
y lo que deba aprender es a valorarte.
Lo que en verdad es importante
-en el fondo-es que acabes volviéndote a presentar.
Así que aquí te espero.
No me hagas desesperar.
A Ángel Sampedro
Ensueño de arquitecturas transitadas por el metro.
Rumbo directo sin transbordos,
trayecto innegociable a Malasaña.
Antonio Vega se presenta
a través de una guitarra.
Por los andenes sobrevuela su recuerdo.
Con su espíritu inyectado se recorren los portales,
se disfrazan de ignotos paisajes chinos dibujados
que por las venas se rizan en infinitas canciones
de mundos paralelos,
aquellos que nadie ve ni verá reflejados.
De reojo se van aferrando tantas y tantas postales
mientras se alzan las solapas del creativo abrigo.
Con austeridad espartana y humildad insultante,
camino de encuentros perlados de valor por lo vivido.
Es travesía y es elección,
las de incontables noches.
Es andar bordeando aquello que conforma lo real,
es la que colorea con témperas de ilusión
y discrepa de lo establecido como natural.
Sin dilación en las bofetadas de la nostalgia,
que cierran los balcones con celosías de falsedad.
Con genuina estampa,
la que provoca el colmado de versos combados
por la incomprendida sensibilidad,
con la que todo lo propio se rellena.
Los dioses atemporales apadrinan y protegen
del mismo modo en que se protege a los amigos.
Igual que lo hace el guardián entre el centeno,
como San Pedro con los creyentes
a las puertas del cielo.
La maldita-y bendita-incertidumbre
me prende sin remisión por el cuello.
Mas también me aleja de todo aquello
en que cree la ignorante muchedumbre.
No es cuestión de nadar contra costumbre
ni de ser entre todos el más fiero.
Simplemente me rebelo y no quiero
que me arrastre la común podredumbre.
El derrumbe habitual pase de largo
por mi puerta y sin traer ningún recado.
No me interesa nada ya lo visto.
A ello renuncio.Su regusto amargo
y su herrumbre que tiñan al de al lado.
Si este es el baile,yo no bailo y listo.
Barre las hojas mortecinas
la escoba impúdica del otoño,
las arremolina por las esquinas.
¡Esas hojas!Antaño tan lustrosas,
vivaces,grandilocuentes,luminosas…
Hoy sólo son un manto marchito.
Ya sólo sirven para ser barridas
tras hacer resbalar los anhelos
y los recuerdos de una vida
que ya es otro tiempo.
Almacenan voces;atesoran reflejos.
Son memoria de períodos fallecidos
que recuperan su último aliento
en miradas prendidas frente al espejo.
A mi buena suerte,
que cada día se acuesta a mi lado.
Y al regalo de ciertos encuentros
inesperados;ya indelebles.
Comprometidos con las causas propias.
Compañeros de ruta y de mapas inciertos,
ajenos a la geografía del actual entorno.
Con sencillo disfrute en cada encuentro.
Reduciendo a cenizas los miedos,
convirtiéndolos en inspirados acordes
que surgen del talento de tus dedos,
que brotan del rojo de mis ojos insomnes.
En nuestros sueños andamos adosados.
En nuestras reyertas a cuatro manos.
Entre tus cuerdas y mis tinteros.
Entre las musas y sus devaneos.
Retorciendo el alambre de lo inmediato
por el que acostumbrábamos caminar.
Sin intención de llegar a ningún lugar,
sólo el íntimo deseo de haber creado.
Así lo gesto yo; así por ti es diseñado.
Con indeleble huella ya impresa,
con el aroma ya bien dentro adosado.
Ando estos días embrollado en una lectura que me hace caer en la cuenta de un rasgo que todos tenemos y en el que apenas reparamos y que, sin embargo, supone algo realmente imprescindible para el ser humano. Al menos, para el ser humano actual. Y creo que por primera vez en los casi tres años que me dedico a ir plasmando aquí pequeñeces y naderías imperceptibles para la inmensa mayoría de mis contemporáneos, lo relevante no es desvelar cuál es esa lectura ni de quién, sino en concreto la propia cuestión a la que voy a referirme desde ya, que no es otra que la obligatoriedad máxima de hablar por encima de cualquier otra característica que define al común de los mortales. Sin entrar por supuesto en los que se ven incapacitados de ello por deficiencia, y mucho menos a los que lo están por imposición negligente de un semejante con ínfulas grandilocuentes y megalómanas.
Vivimos en un tiempo en el que, entre diferentes cuestiones admitidas por todos y facciones más o menos genéricas para la gran parte de los humanos que habitamos la faz terrestre, el que calla de manera voluntaria no sólo no otorga, sino que adolece de principios básicos para una correcta introducción y su consiguiente pertenencia al colectivo que, en mayor o menor medida-eso es otro cantar- le ha tocado en suerte a la hora de convivir. De nada sirve ya el viejo dicho que sostenía que la mejor palabra es la que se queda por decir, y menuda es la rapidez con la que pasan los tiempos hoy en día y pierden vigencia y validez los parámetros expuestos hace no demasiados años.
En el siglo XXI o en el tercer milenio, en la llamada era de internet, lo importante es hablar. Se diga lo que se diga. Esa máxima supera con creces a cualquier otra. Lo relevante no es qué se dice-mucho menos el cómo, que nadie se preocupe de las formas, faltaría más-, ni cuándo, ni tan siquiera a quién, sino el hecho de decirlo. Ese acto, consistente en resumen en un hecho de indiscreción y en muchos casos de chabacana confianza, tan fácil de burlar llegado el caso, es en sí mismo lo que legitima a expresar lo que a uno le venga en gana y, por ello, ser alguien válido e integrado sin más razonamiento ni explicación. Aquí, en el juego de máscaras que cada uno nos preocupamos de jugar con la mayor dignidad aparente, el que calla se queda atrás. Se ve obligado a ocupar los asientos traseros del global autobús, si no a quedar excluido directamente y sin posibilidad de resarcirse y reengancharse con posterioridad cuando sea consciente del craso error cometido sin impunidad ni coartada ante el resto.
Esta idea se refrenda sin dificultad por sí misma en varios ejemplos que como tormenta de ideas se me vienen a la cabeza. Sirva como ejemplo uno de ellos, el formato de programa radiofónico que llevaba por título el de esta entrada, y que si no me equivoco fue el pionero en estas lides y dio paso a la misma modalidad en hechuras televisivas. Y lo escribo en condicional porque he de reconocer que desconozco si aún se emiten en ambos medios, y por tanto, si continúan gozando del beneplácito mayoritario de la audiencia como no hace tantos años. Aquí, y si uno con un par de dedos de frente se para a pensarlo por un instante, el delirio humano por largar hasta las propias miserias roza el paroxismo más espantoso. Resulta que el programa se nutría de personas anónimas que llamaban a la radio con el único fin, de dudoso resultado positivo o cuanto menos terapéutico, de contar enfermedades, desahucios, infidelidades de pareja, delitos y hasta asesinatos entre un sinfín de testimonios aterradores. El caso era desfogarse y sacar eso de dentro, cual desahogo fisiológico de algo maligno que debemos extirpar de nuestro interior y así poder tirar de la cadena y quedarnos limpitos del todo.
A mí se me perdonará, pero no creo que eso realmente pudiera provocar placer real a nadie, ni para los oyentes ni por supuesto para el emisor de tales mensajes. En todo caso, no dudo en los primeros cierto entretenimiento semejante al provocado por la prensa rosa basado en el saber por saber de la vida del de enfrente, pero de ahí a ser para el segundo algo necesario y como he puesto ya en duda, con beneficios reales para la higiene mental del que lo larga…Lo dejo en suspenso, nunca mejor dicho.
El caso es que este ejemplo radiofónico me sirve con precisión y nitidez para comparar fidedignamente lo que está ocurriendo entre nuestros representantes políticos, los cuales olvidan con frecuencia excesiva que son elegidos por nosotros. Claro que también nos olvidamos nosotros de eso por desgracia, pero ese es otro asunto a tratar en otro momento. Si uno sigue con un mínimo de atención cualquier sesión parlamentaria, rueda de prensa en la sede del partido que ustedes elijan, manifestaciones públicas en el medio y de la índole que sean, aunque se escojan al azar, se dará cuenta que la principal preocupación del cargo electo de turno es hablar por hablar. No importa lo más mínimo el qué se dice, el porqué se dice, ni el cuándo. Sólo hay un matiz que supera al de no quedarse callado, y es criticar al opuesto haga lo que haga, diga lo que diga, y se calle lo que se calle-que también los tenemos, aquí no nos falta de nada, aquí nos la juegan por pensamiento, palabra, obra y omisión.
No pretendo ser ni apocalíptico ni sencillamente demagógico, sino aplicar un poco de sentido común. Yo creo que con el paro existente que tanto azota, la situación financiera tan oscura, las dificultades que intuimos o incluso vemos para avanzar que entorpecen principios básicos de nuestro estado de derecho-véase sanidad, educación, empleo juvenil, etc.-, la alarmante falta de valores que velen por un provechoso funcionamiento de la sociedad y más que me callo por no alargar la lista ad aeternum, a lo mejor nuestros políticos deberían remangarse de una vez por todas, salir y sacarse del fango en el que llevan empantanados tantos años y remar en la misma dirección. Seguro que si lo hicieran, todos saldríamos adelante mejor y más rápido. Y luego después, seguro que a ninguno de nosotros nos importaba lo más mínimo escucharles hablar por hablar, aunque de lo que dijesen no comprendieran un ápice ni ellos mismos.
Para C.A.
Compañero de búsquedas;
y Artista.
Me saluda la luna que afuera reina,
la acomodo borracho de nocturnidad
con el vaso vacío,el cenicero lleno
y un call-tv en la tele que miro sin mirar.
Echo de menos cuando te echaba de más.
Echo de menos el echarte de menos.
Creí que alejándote te olvidaría más fácil.
Ahora entiendo que me equivocaba de pleno.
Dime, ¿de qué lado estás? ¿Del tuyo o del mío?
Ahora dime, ¿de qué lado estás?
Ya no quedaba apenas qué decirnos
y ahora me entiendo mejor contigo.
Ya no quedaba tiempo para mirarnos
sin acabar siendo enemigos.
Demasiados silencios sin guardar;
excesivos desaciertos.
Demasiada guerra fría en nuestro hogar;
fueron tantos remiendos...
Dime, ¿de qué lado estás? ¿Del tuyo o del mío?
Ahora dime, ¿de qué lado estás?
Pero antes dime, ¿cuál es el mío?
Búscame sitio para aparcar.
Vengo cansado,desgastado.
No quedan fuerzas para buscar…
Y tú siempre me lo has encontrado.
Mi coche no tiene casi frenos,
se gastaron.(Cierto,los malgasté).
La cuesta arriba que conduce a tu refugio,
es hoy una bendición.
Esa maldita cuesta que tanto maldije,
Que tanto me costó y tanto entorpeció…
¡qué curioso!Es innegociable su valor.
Su inercia me hará detener
sin necesidad siquiera de pensarlo.
Es suficiente sentir este dolor.
Es suficiente solamente desearlo.
Búscame sitio para estacionar.
Vengo rendido,descastado.
No quedan fuerzas para buscar…
Y tú siempre me lo has procurado.
¿Por qué el cielo está tan lejano?
¿Por qué no tengo mi parcela?
¿Por qué lo aparté de mi mano?
¿Por qué las noches en vela?
¿Por qué lo recuerdo,lo lamento,lo maldigo?
…Lo recuerdo porque lo tuve cerca,tan cerca...
…Lo lamento porque viví en ella,con ella…
…Lo maldigo…Porque me maldigo…
Búscame sitio para descansar.
Vengo vencido,malherido.
No quedan fuerzas para luchar…
Y tú siempre me lo has mantenido.
Cierra la ventana.
Réstale a la lámpara intensidad,
enciende la chimenea,rápido.
En la terraza hay leña de sobra.
Ambiente soñado,cargado de paz…
¿Sabes?vengo aterido,vacío…
Nubarrones comienzan a aparecer.
Creo que va a empezar a llover.
Y en tu plaza necesito aparcar.
El olor de tu cuerpo propaga cual fuelle
el aire que respira cada uno de mis versos.
Sin él cercano no se resuelve el arcano,
mi barco atraca en ningún muelle,
no se revuelve nuestra mezcla del modo apropiado.
Tantas aliteraciones y paranomasias,
quizá demasiados rodeos y circunloquios
para sólo dejar claro una vez más,y nada más,
que sin tu vaho reflejado en mi cristal
soy sólo apto de imprimir a mi voz
un matiz de impersonal burócrata agostado.
Contigo el todo se encuentra ocupado
pues el espacio que dejas en ti se desvanece.
Sin ti el presente se diluye en luz artificiosa,
el futuro es repertorio sin que vislumbren resultados;
y el pasado,simple y marchitada zona de paso,
lenta película proyectada en cines abandonados.
El viejo sólo siente en tiempo pasado.
El joven sólo piensa en mirar al frente.
Da igual la edad que mi carnet determine,
yo espero seguir inventando tu mundo siempre.
Siempre que dejes que me eternice a tu lado.
Me regala un gran amigo-más que eso, uno de mis hermanos no sanguíneos que por fortuna tengo-la biografía oral autorizada de Quique González, escrita por Eduardo Izquierdo. O más que escrita, conducida por él. Aparte de lo que disfruto su lectura por el creciente gusto que cada vez más voy acertando a encontrar en el género biográfico-y también autobiográfico-, encima le tengo que añadir la sincera admiración que me provoca el músico madrileño. Fue un descubrimiento de hace unos cinco años aproximadamente, y se produjo como lo hacen los hallazgos capitales en la vida de uno, como nos tropezamos con aquellas obras que si no cambian la vida de uno de manera radical, sí que la modifican y la empiezan a dotar de un significado diferente, más completo, más redondo. Esto es, por el boca a boca. ¿O no lo encontré yo, y como diría Javier Marías, me encontró su música a mí, fue ella la que salió a mi encuentro y no al revés?
El asunto es que traigo a estas líneas la figura de González, precedida por su biografía en este caso, por dos motivos primordiales, aunque en verdad ambos andan enredados cual raíces y no hallo bien la manera de desmigarlos y presentarlos en estas reflexiones por separado: su música es una de esas pequeñas motivaciones cotidianas que me hacen intentar escribir lo más dignamente que puedo, y con lo que buenamente esté dotado, porque su talento te abstrae de lo circundante y su nivel creativo es, por definirlo de manera sencilla, brutal. Es brutalmente sencillo, y sencillamente brutal. Se trata de un músico al que se le pueden leer sus letras desde un punto de vista poético, y viceversa. Y este empujón que el bueno de Quique me pega en mi espalda literaria me deja sin argumentos cada vez que me excuso por tener estas reflexiones tan abandonadas, puesto que si me quejo a mí mismo de no encontrar temas de suficiente enjundia para sentarme frente al teclado, cuando le escucho, leo, o ambas cosas, sucede lo dicho, que el madrileño me agarra de las solapas, me sienta en la mesa más cercana y me pone la pluma en la mano, con actitud además amablemente exigente, como diciéndome que no me haga el remolón y deje de dar vueltas ante esta locura mía que transformo de vez en cuando en líneas y desvaríos y divagaciones y reflexiones.
Leyendo su trayectoria profesional, que el autor de dicha compilación trufa con acierto con aspectos de su vida más íntima o privada, me doy cuenta que dejando de lado su inestimable talento, lo que más valoro es su manera de abrirse paso dentro de la jaula que ofrece el panorama actual en este país, esto es, de un modo sosegado, como si nunca hubiera tenido prisa por avanzar, dando pasos seguros y firmes, sin apenas levantar la voz ni realizar aspavientos, y no como otros inferiores que sí la levantan y sí los realizan con bastante poco que ofrecer sino su fachada y su disfraz. Y también me viene a la cabeza una cita con la que engarzo la idea anterior y que leí hace poco de Romain Gary, en la que reflexionando acerca de las injusticias y penalidades que el propio ser humano genera a sus semejantes, el escritor y diplomático francés decía que “en lugar de gritar, escribo libros”. Pues Quique-ya no le llamo más por el apellido, al fin y al cabo, para nosotros sus seguidores él es simplemente Quique, el amigo, el compañero de frustraciones y alegrías, el que nos acompaña en este recibir golpes y soltar alguno de vez en cuando que es la vida-, decía que Quique bien podría apropiarse de dicha frase, porque toda su carrera musical ha consistido en eso, sólo que en vez de gritar-amén de cuando sí lo hace en alguno de sus conciertos, los más rockeros o menos intimistas como les llaman-o escribir libros, escribe canciones. Es más, convengo en decir que escribe poesía a la cual musicaliza.
Y parangonándole como me atrevo desde hace unas líneas atrás, me hace a mí no gritar-tan de moda en estos tiempos, veremos a ver con qué resultado-sino escribir. Ya no libros, ni por supuesto canciones, pero sí al menos humildes intentos de poesía que dentro de mí pululan, de ficciones que pasean por el cielo de mi cabeza a la espera de ser interceptados por los cañones de mis dedos, de reflexiones como ésta que aquí termina y que, como casi el resto de las ya plasmadas, no tengo nada claro dónde pretendo que me haga llegar, pero sí que cumple el primer y casi único menester que les impongo, y que resulta ser el mismo que el propio Quique consigue con sus canciones: hacerme un poco más feliz. Un poco más libre. Escribir mi propia canción en este abismo por el que vamos caminando con su consiguiente riesgo de podernos caer.
Eso sí, igual que él, como ya ha quedado dicho, lo intento bajito. Sin apenas hacer ruido. Sin gritar.
Este empeño oculto e imposible,
querencia innata de plasmar lo imaginado.
Esta ruta que no sigue patrón ninguno
reconocible para nadie de los de al lado.
La vestimenta despojada en dicho acto,
fusionada en cortejo casi fúnebre al ideario amañado.
Insuficiente para rellenar el cenicero de tus andanzas
aunque insuflando aire al simple hecho de inventarlo.
Esta sensación de insensatez y desarraigo,
la vanidosa quimera de pensar en haber creado.
La incomprensión y los rostros estupefactos,
indiferentes al desviarte a un camino tan raro.
Y de repente la inesperada gravidez de leer una sola línea,
sólo vista por ti y nacida de debajo de tus párpados.
Esa rima que nadie entiende ni entenderá
porque sólo a ti te corresponde su hallazgo.
Ese verso,el que de nadie copiaste,
solitario que en tu pecho fue engendrado.
Ese que en tus labios surgió huérfano
y en el poema de tu vida creció acunado.
Ese es quien te da fuerzas para buscarle un hermano.
Para intentarlo solo,arrinconado mil veces,
sin garantía ni por asomo de éxito,
pero extasiado.
No pretendo entender lo que hago,
ni siquiera saber de lo que hablo.
No necesito apenas nada,
sólo saber que te tengo a mi lado.
Es agradable saber que junto a ti duermo.
Como lo podría expresar don Mario,
es precioso contar contigo a pesar de todo
pero nadie comprende lo que es tenerte al lado.
Por mucho que te esforzaras en odiarlo,
por mucho que me empeñara en lo contrario.
Si creo en algo,en comparación tan liviano,
es en tu abrazo gratuito,en tu conciliadora mano.
Cuando el cielo extasiado lagrimeaba,
y mi voz se ahogaba,extraña,en tantos naufragios,
de nuevo surgió tu gesto,desintencionado,
para recordarme,una vez más sin desmayo,
que lo único que ansiabas era precisamente eso,
tenerme a tu lado.
Y ya no se me olvida.Eso tenlo claro.
Demasiadas piedras en el calendario,
tantos defectos personales manoseados
como coartadas en los que tanto me envolví.
Aunque nunca te lo dije.
Durante el desmayo de tus últimos colores
mi mirada hallaba en el extravío de la tuya
aquello que cuando debía no logró descubrir.
Aunque nunca te lo dije.
La dicotomía como verdadero carburante,
en la zozobra en que la nave tanto se anegó,
se mantiene a flote tras ocupar tu hueco y salir.
Aunque nunca te lo dije.
Ahora me hallo reinventando el lenguaje,
unciendo nuestra transmisión a la sombra
de la musaraña donde me pretendo encubrir.
Aunque nunca te lo dije.
Te advierto que tu mundo ya no es igual,
tu siembra ni sombrea el inalámbrico bordado.
La lejana aguja ya no es sino disyuntivo bisturí.
Aunque nunca te lo dije.
Y finalmente también contigo,
que sigues bajo la lluvia que ensuciaba en exceso
y terminó por aguar ese café que quedó por cumplir.
A ti tampoco te lo dije.
Leo un más que interesante libro sobre el tema de la impostura, de la sombra literaria. El juego del otro se llama y es de Errata naturae editores. El libro atiende mi intención y satisface mi expectativa de cubrir algo más de la primigenia idea que me viene atormentando-aunque quizás este verbo es demasiado exagerado, y pienso que sería más propio decir rondando-la cabeza desde hace bastante tiempo ya. En esas directrices ando enfrascado los últimos días al tiempo que me encuentro con una frase de Justo Navarro que me da un golpetazo en la frente a ciertas horas de la madrugada:”Ser escritor es convertirse en otro. Ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo”. Aunque debo reconocer que no me la encuentro al doblar una esquina cualquiera por mor de algún azaroso hado que así lo establezca, sino que en realidad la ando buscando entre los entresijos de Dietario voluble de Vila-Matas pues sé positivamente que allí dejé esta frase alguna vez, y que sólo se trataba de reabrir una incontable vez más el arcón vilamatiano y sacarla a la luz de estas reflexiones.
Refiero esto a modo de entradilla pero lo que en verdad me importa en este momento no es la sorpresiva presencia-o no tanto-del citado azar o si ha intercedido de una manera u otra en poner delante de mis entendederas dicha frase. Lo que me sustrae a este punto y me deja suspendido en una planicie diferente es el hecho de hacerme dudar si lo que hasta este momento se podía validar o por el contrario, resultaba inexacto, vivía en una leve imperfección o directamente lo debo considerar como una grosería poco menos que inaceptable. Me temo que ya estoy dando vueltas cual perro ante el árbol escogido para sus necesidades. Y como estas no dejan de ser las mías propias, al menos me intentaré explicar otra vez.
Yo había quedado conmigo mismo que el acto de escribir como tal no era sino un intento de entenderme a mí mismo. Había apropiado como mía la idea de Julien Gracq de que uno escribe realmente para sí mismo y para nadie más. Entonces, si esto es así, o al menos para mí, no tengo dificultad para ver dónde acomodo la idea del granadino novelista, ya que entiendo que si escribo lo hago para poder descifrarme. Y es que resulta que lo que intento mostrar en mis escritos, por encima de una narración mejor o peor construida, por encima de una atractiva ficción bien articulada es precisamente eso, conseguir organizar un poco el galimatías interno en el que se halla mi cabeza, con frecuencia rayana a la obcecación. Estas ideas casan muy bien con la de Nerval cuando afirmaba que nuestros sueños son una segunda vida. Y aquí me estoy refiriendo a los destellos oníricos que me asaltan a plena luz mental, no a los momentos en los que mi cuerpo descansa en contrapunto a la máquina cerebral y su incesante funcionamiento.
La obsesión acerca de este asunto me lleva a leer en la misma línea ciertos apuntes de Juan Benet, y el llamado patriarca de la novela posmoderna española tampoco deja lugar a dudas. En la misma cuerda busco y encuentro apuntes de escritores tan distantes entre sí como Renard y Monterroso, mi coetáneo Andrés Neuman y el excéntrico poemario de Pedro Casariego, o el provocador Boris Vian y el inconmensurable Robert Walser a modo de ejemplos.
De Walser rescato su idea de escritura como acto de extranjería, de oportuno y necesario escapismo ante lo que uno encuentra ante sus ojos y el horror que provoca lo contemplado, y esta inaceptación la adopto al más puro estilo quevediano. Bueno, de Walser y por supuesto de Kafka, maestro tangible y palmario en el arte de sufrir y sentirse humillado con todo lo que le toca en suerte avenirse-sería más apropiado en su caso decir en desgracia. Pero me vuelvo a enredar en aspectos que ni yo mismo manejo con toda la claridad que me gustaría y vuelvo al punto de partida, aquel que me ha hecho primero tomar unas notas para después sentarme a redactar estas meditaciones. El mismo enredo que me acompaña en todas y cada una de las entradas a este blog y que, visto lo visto, conforman mi propia introspectiva.
En definitiva, lo que pretendo dejar claro, si no en estas líneas, sí al menos dentro de mi mente en el propio acto de escribirlas, es que no sé cómo podría sobrevivir y no sentirme arrollado si no lograra ser otro en ciertos momentos de mi vida, si no tuviera la opción vital-es decir, literaria-de disfrazarme e intentar pasar inadvertido para el resto de los mortales que me circundan. Pero como un flash fotográfico, al decir esto me viene la idea de Ray Loriga acerca del disfraz literario-e incluso supongo que vital, por lo que lo considero muy bien traído a estas alturas-y su intencionalidad; del disfraz y su voluntad, y su importancia, y lo inquisidor que llega a ser para todos aquellos que no siempre somos lo que queremos ser en determinados momentos. Pero eso ya supone otra vez regresar al dichoso punto de partida, y aunque hayan sido pocas líneas, su gestación y el consiguiente parto me han dejado exhausto y no estoy dispuesto a retroceder a la casilla de salida. Al fin y al cabo intentaba hablar de la impostura y la sombra literaria y he acabado hablando de mis enredos y mis saltos de zona dentro de mi propia cabeza, y eso no es exactamente una impostura dentro de mí, sino que forma parte de mí. Eso soy yo mismo, o como dijo Rimbaud, eso es yo, que yo es otro.
Según resuelven tus labios magistrados,
ya sea silenciado,ya sea nombrado,
en el permanente corolario forzoso
ocupo un hueco muerto o resucitado.
Muerto cuando tus labios no me nombran
quedando mi nivel en un estiaje crítico,
contemplándome cual playa en invierno
y la voz cargada de sobreentendidos cínicos.
Resucitado cuando tus labios me nombran
en el armisticio en nuestro reloj sellado.
Son diferentes manecillas al final
que marcan idéntico instante,íntimo y callado.
De tu mano coso el tedio alojado en mis hombros
con el garrapateo de mi virtual pluma.
Desvirtuada tantas veces por el manto de escombros
reducido a cenizas en nuestro repecho ya sin bruma.
Hoy abro las puertas del manicomio gracias a tu ayuda,
aun a pesar de mancillar dioses lacerados.
Las abro gracias a ti y a una sonrisa como la tuya,
linda y sincera,de vitales reflejos irisados.
Anoche soñé con Cortázar. Mejor dicho, o más propiamente dicho, soñé que se me aparecía Cortázar. Me sorprendió durmiendo en mi cama y no en el sofá, cosa bastante probable pues anoche Susana no se quedó a dormir conmigo en casa y me quedé leyendo hasta tarde para no perder la costumbre, no sé si buena o mala. El caso es que me fui al dormitorio y nada hacía presagiar que iba a tener la suerte de ser el invitado de honor a la vuelta, o a una de las vueltas-que tampoco me siento tan afortunado ni tan universalmente elegido-del gran Julio al territorio de los mortales.
Cuando abrí los ojos el escritor estaba parado delante de mí, de pie ante mi cama. Qué verdad es que los caminos que nuestros sueños recorren son insondables para el entendimiento humano. Y afirmo este axioma porque llevaba una gorra como la del Che, de las que se dan la vuelta para atrás, aunque bien es cierto que era negra pero sin la característica estrella roja de cinco puntas. Imagino que el asunto de la gorra será por la idolatrada amistad y cercanía que Cortázar sentía por el guerrillero, pero la cuestión es que nunca he visto una imagen suya en la que saliera con una igual, así que no sé de donde sacó mi subconsciente tal fotografía mental. Llevaba el pelo y la barba largos-y esto sí lo he visto en alguna de sus fotografías en la contraportada de alguno de sus libros o en las incontables búsquedas que le he hecho por internet-, más largos de lo habitual, y se tapaba un vetusto traje oscuro de anchas solapas con un abrigo negro de grandes botones que sin embargo no maridaban con sus ojales respectivos. En el cuello se anudaba laxa una bufanda de finísimas e innumerables rayas negras y blancas, igualita a una que me compré el invierno pasado. Supongo que esto es producto de nuevo de la entreverada mezcla de resortes mentales que nos acechan mientras soñamos, pero el caso es que ahora que lo pienso, no me importaría nada que en realidad fuera la mía y que se la hubiera llevado a donde quiera que esté en este mismo instante. Me haría mucha ilusión que se protegiera del frío invierno que nos va comiendo terreno indefectiblemente con mi bufanda. Si ya antes era mi preferida, ante la duda ahora aún lo es más.
El caso es que en ningún momento sentí temor ni me asusté, sino que proseguí inmerso en mi estado de ensoñación con los ojos abiertos y una calma que ahora mismo me recorre la espalda en forma de frío arañazo. Y es que a mí, todo lo relacionado con muertos, fantasmagóricas apariciones y nebulosas nocturnas me provoca un pavor seco y directo. Todavía en el duermevela, me incorporé levemente sobre mis codos y quedé en una posición que, recordada en el transcurso de estas horas, me parece algo indolente y penosa para el personaje que tenía frente a mí. Debería haberme levantado y haberle ofrecido algo. Imagino que un muerto que se te aparece así de repente no tiene ni hambre ni sed, no está cansado ni le duelen las piernas, pero que menos que haberle ofrecido el sillón de mi salón recién pintado, al menos como deferencia y gesto de buena educación. Aunque bien mirado, hubiera visto los libros suyos que tengo en mi exigua biblioteca, así que supongo que se hubiera echado a reír de tan pobre colección, por lo que mejor así tal cual resultó.
Recuerdo que me saludó llevándose la mano izquierda a la sien en un gesto elegante pero cercano, con cierta complicidad, o al menos a mí me pareció un gesto cómplice. Con su intransferible y exclusivo acento argentino circundado por notorios rayos afrancesados me exhortó a que siguiera escribiendo cuentos y relatos. Yo no daba crédito a lo que mi comprensión dictaba. El maestro del relato corto, uno de los más idolatrados e imitados representantes de dicho género me exhortaba para que siguiera falsificándole y no cejara en mi empeño de intentar expresarme a través del mismo vehículo, aunque no el único, claro está, con el que él mismo se ha transportado con tanta asombrosa facilidad; el mismo con el que ha conseguido cruzar la exclusiva línea que lleva a los más grandes a la posteridad, y para siempre convertirse en clásico si se me permite la redundancia. Me dijo que lo dejara todo en cada una de las páginas, que no me cerrara las mil y una fabulaciones que atraviesan por mi cielo aéreo particular, que ya alguna de ellas aterrizaría en forma de relato. Con esas palabras se expresó. Y según se despedía con un gesto tan parecido al que usó para saludarme, desapareció de mi vista. No puedo decir que se esfumara literalmente, ni que abandonara mi cuarto por la puerta, caminando sigiloso y pensativo como me parece que está en la mayor parte de las fotografías antes citadas. No sé cómo fue la manera en la que se apartó de mi noctámbulo campo de visión, aunque esta incertidumbre forma patria también del canasto de detalles incomprensibles para nuestro raciocinio de personas despiertas-o eso se debe suponer-.
Ahora que lo pienso, hubiera estado genial si hubiera aparecido con alguno de sus cronopios, o alguno de sus famas, o incluso alguno de los personajes de Rayuela, o de su Bestiario, a modo de escudero, vicario o póngale cada uno el adjetivo o la encomienda deseada. Pero por otra parte, también es cierto que hubiera perdido parte de ese halo ensimismado de reflexiva cautela, cierta porción de esa derramada y desmayada presencia tan satisfactoria y colmada que al menos para mí supuso. Sí, releyendo este párrafo, también aquí considero que según sucedió es perfecto y preferiría no añadir ni restar detalle alguno. Se me disculparán los posibles desatinos por la excitación de lo recién acontecido en la intimidad de mi dormitorio y lo aquí relatado con posterioridad.
No he aflojado ni retrocedido un centímetro hasta que he sido capaz de sentarme delante del teclado para plasmar aquí este bendito sueño. Creo que no tengo otra posibilidad de arrojarme con decisión y coraje a modelar escritos, notas, relatos e intentos de cuentos; de arrostrar todo lo que por mi cabeza pase y me sea digno de ser escrito. Lo siento por Susana, que siempre es mi primera-y a veces única-lectora, y por todos aquellos a los que consiga aburrir por enlatarlos en mis devaneos antes de que puedan zafarse, e incluso, que de todo hay, por aquellas personas que disfruten un mínimo con todo este material inclasificable-por mi parte, claro, que cada uno le ponga olor a mis guisos de principiante cocinero-, pero todo aquel que caiga en mis humildes redes deberá entender en consecuencia de aquí en adelante que un genio me ha estipulado este mandato cual médico de cabecera que receta y sana con su propia medicina, y eso es demasiado importante como para dejarlo pasar por alto así como quien no quiere la cosa.
Que conste que ni siquiera solicito un mínimo de comprensión a este anuncio manifestado, como ya he contado reacción a que anoche soñé con Cortázar. Mejor dicho, o más propiamente dicho, porque soñé que se me aparecía Cortázar. Y a pesar que nadie lo pueda atestiguar fehaciente.
Tengo tres hermanas que son bastante diferentes en ciertos aspectos, sobre todo en muchos consuetudinarios, del día a día, pero están circundadas por un espíritu de sacrificio digno de elogio. Su cotidianidad está definida y trazada por un coraje muy particular, y por muchas dificultades que les acechen no se arredran y salvan cualquier peldaño. Otra cosa es el modo en que afrontan y se manifiestan ante dichas vicisitudes-ejemplo meridiano del contraste existente entre ellas-pero en este caso, está bien traído decir que todos los caminos conducen a Roma.
El motor de su vida, aun a riesgo de superar con amplitud la línea de la cursilería, es el amor. El futuro, ya sea el concreto-el que atemoriza, o desvela, o inquieta-, ya sea el abstracto-el que ilusiona, o el que se espera, o el que aún no se avista- les podrá dar o quitar, poner o apartar, arrullar o empujar, que todas sus intenciones doblegarán. Ya han visto sometidos sus automatismos habituales en más de una ocasión y por motivaciones dolorosas, hasta crueles en el extremo, que con todo podrán porque rebosan amor. La máxima concesión que otorgan a lo largo de sus vidas reside en esconder dicho amor llegado el caso, pero no lo extinguen ni lo minimizan puesto que es el amor que sienten, profesan y desprenden a su madre todavía a día de hoy-y siempre-, a sus hermanos, a sus parejas, a sus hijos y sobrinos el que enciende sus calderas al despertar. En definitiva y resumiéndolo en un concepto que me encanta y me hincha el pecho, su razón de ser es el amor a los suyos. Y me lo hincha por pertenecer a ese afortunado elenco, por ser uno de los suyos.
Tengo un hermano compendio de virtudes. El castellano destaca por su riqueza y variedad léxica, pero en su caso si empiezo a largar epítetos y a alargar su currículo vital y humano correría el riesgo de extenderme hasta el infinito y acabar aburriendo. Ya en una entrada anterior en estas reflexiones lo dejé bien claro para quien quisiera desbrozar el bosquejo de palabras en el que le transformé, con la que consideré mi mejor pluma y el auxilio clarividente que me proporcionó el tintero de la humildad y del reconocimiento. A él la vida le ha dado la oportunidad de ser feliz tras demasiados escollos. Pero quizás ese tardío reconocimiento haya significado que lo esté masticando mejor, que ande saboreándolo con conspicua placidez y maduro disfrute, que lo acabe digiriendo con un provecho vitamínico más productivo, porque su despacho ya es la cocina donde se cuece el puchero de su leyenda, y el sempiterno olor a cultura y a puro es el incensario del templo donde el vicario del conocimiento nos tira a la cuneta al resto. Esto él no lo sabe, pero ahí radica precisamente su éxito.
Más allá de burocráticos trámites que no asientan ni más ni mejor mi sentimiento-no, al menos, en estas líneas-, tengo una mujer que me llena de vida, entre otras cosas, por su capacidad de sorprenderse-de seguir sorprendiéndose-por las cosas más mundanas y sencillas que pueda encontrar. Intento puntualizar y tras darle bastantes vueltas al asunto, me parece acertado definir ese encomiable ánimo de ser feliz y de agarrar con sus propias manos alguno de los globos en los que el helio es sustituido por quimeras, no como una manera fútil e infantil de afrontar la vida, sino como un ejercicio de vital transformación de rutinas y contrariedades en deseos, anhelos y pretensiones. Y ahondando en este rasgo concreto, cada vez tiene más claro que la felicidad radica en pequeñas cajas, de las que caben en un bolsillo, pero que al abrirlas resuenan con fanfarrias y echan a volar con su ensoñación como guía. Eso sí, siempre con los pies en el suelo, condición que otorga la calma y la experiencia adquiridas. El hecho de no haber sabido entreverlo siempre de la manera correcta por mi parte no es óbice para disfrutarlo cada día con más deleite y arrimarme a ello-y a ella-con creciente ahínco.
Y finalmente y por deferencia a ellos se sitúa uno mismo. No me gusta hablar de mí o de mis circunstancias pero es en definitiva en este embarcadero donde atracan los barcos en cuyas bodegas se transportan mis inquietudes e intimidades. Las similitudes y diferencias con ellos y el resto de mi universo se explican en mis propias contradicciones, en mi dicotómica personalidad. No se trata-o al menos no lo he intentado en ningún momento-de una simple y llana recapitulación de aptitudes y actitudes, sino de una fijación puntual y concreta y concisa de alguna de las más relevantes motivaciones que encuentro al husmear cerca de mí mismo. Y eso me guste más o menos incluye indefectiblemente referenciar algo propio, aunque sea de la manera más breve que pueda.
Gustos y aficiones, temores y fantasmas tenemos todos. La lista de los míos podría ser interminable, pero lo que sí sería seguro es voluble y variable. Dependería en exceso del estado de ánimo preeminente en el acto de detallarla. Y como mi disposición es estar de acuerdo con lo aquí expuesto, lo lea cuando y donde lo lea, resumiré mi apreciación personal en un tornillo inoxidable e imperturbable, por los siglos de los siglos: al aporrear un teclado, al emborronar una hoja, al divagar con lo próximo a plasmar dejo de temer. Dejo de dudar. Dejo de sufrir arrebatos y hasta de sentir. Es la cavidad donde sólo entro yo, por falta de espacio e iluminación deficiente. Es mi mano alargada en un elemento extraño que se convierte en apéndice redentor y necesario. Es mi hoja de ruta. Es la palabra convertida en vida. Soy yo.
Cuando la muerte venga a visitarme
no me despiertes,déjame dormir.
Aquí he vivido, aquí quiero quedarme.
Pongamos que hablo de Madrid.
(Joaquín Sabina)
Madrid entera,
excesiva pero siempre de una pieza.
Dama elegante e intrusa barriobajera.
Nocturna incansable,
con tus piernas nunca selladas
para la lengua de ningún caminante.
Madrid ninguneada,
contexto desenfocado con injusticia.
Bandera parcial y trasnochada.
Puerta abierta,
alfombra vetusta y mullida.
En la recepción siempre atenta.
Madrid constante,
rehecha sin solución de continuidad.
Salaz e inmemorial,jueza y parte.
Patrona exigentemente amante,
en tus corrales quien quiere duerme
fantaseando con abrir tu puerta grande.
Madrid extrema,
no queda por recóndito que sea
rincón sin el crisol de tu santo y seña.
Trabajadora y jaranera,
entre tus saraos y tus recovecos
estaría siempre aunque no estuviera.
Madrid chulapa,
con tu genialidad y también con tu miseria.
Así eres porque así lo quieres.Única y castiza.Guapa.
En tus ojos brujos fijo azul mi brisa,
y hallo la pausa anhelada
en el compás blanco de tu sonrisa.
Me reclamas nocturno y expectante
cuando sólo el ritmo alojado
me aturde,firme,beligerante.
Remedo de líneas novedosas
descubiertas con impaciencia.
Profundo olor y honda huella.
La ventana por la que asomas,
de terrazas y banderas.
La ventaja por la que asombras,
de costumbre y belleza zalamera.
El día que me faltes,no te apures.
La condición no perdura en la estadía.
Nada muere sino en la memoria,
y la mía orillea en el mar propio de cada día.
Movido por el caos impreso en la bandera,
estandarte a base de remiendos y jirones.
Sopas con hondas,vehemencia a borbotones.
Eso es lo que acostumbro.Y me desespera.
Por aquí hormiguean mis miedos,
por aquí se escurren los sueños.
Los fundamentos en los que se asientan
no los encuentro.Y me desespera.
El postizo velo me mantiene indemne
de mi tocada juventud y su merma sorda
e inmanente,que aún resiste y no cede
en su indefectible erosión.Y me desespera.
El museo y la fábrica instalados en el vértigo,
anodina amenaza para la ilusión diletante.
No cede en el empeño de desnutrirlo todo,
de menoscabar y provocar lesión.Y me desespera.
Me defiendo con ejércitos de armas demudadas
que engendran,inseguros,no más que cables sueltos.
Rehúso a menudo el oleaje de tus besos,
lo único que empuja a la superficie.Y me desespera.
Centenares de señales como mensajes
impelen a la desaparición de mi renuencia;
entre todos,incólume y por encima,tu paciencia.
A veces imagino que se agota.Y me desespera.
Me garantiza,me avala y me confirma
la sabiduría que el dolor no sólo se siente,
sino que también se puede-y se debe-cantar.
Es el mismo dolor,ni mejor ni distinto.
Verdadero lazo que nos separa del resto
y que se manifiesta en tiempo y forma tan dispar.
Ni en el espejo sonriente de tus nietos,
ni en el coraje mostrado hasta el fin cercano
soy capaz-y me maldigo-de verte y recordar.
Ni siquiera en el campo de las batallas perdidas,
aquel que ya distinguía la herrumbre de tu otoño.
Ni en él puedo tu rostro agitado y fatigoso vislumbrar.
Ese campo, infausto y fatídico,
de blancos pasillos,de inanes remedios y monótonos días
donde la poderosa sombra sobrevolaba empeñada en abrazar.
No podía escribirte,
no sé si por miedo;no sé si por falso respeto.
No quería escribirte por tu nombre no manchar.
Pero,enmarañado en la búsqueda,encontré el modo.
El motivo estaba claro desde aquella mañana
en que descansaste por fin y me dijiste ‘ya está’.
Y lo dijiste a través de mi trémula boca.
Y a través de esa imagen maldita y hercúlea.
Y a través de mi mano en tu imborrable y céreo pilar.
Te prometo que no será lo único.
No sé si malos o peores,pero están en mi cabeza,
en esta cabeza que tanto te hizo pensar.
Y como en aquella reflexión que escuché
una vez y en voz alta,de la mente al papel saldrán,
porque ésta es la única manera en que me puedo expresar.
El caso es que estaba en casa la otra noche,próximo ya a irme a la cama.Imposición esta última por el obligatorio madrugar del día siguiente,que no por intenciones ni deseos provocados por el sueño.No creo que sea un insomnio al uso,pero lo cierto es que me cuesta irme a dormir.Y el caso es que cojo un determinado libro que compré en la pasada Feria del Libro de Madrid y que,desde su adquisición,tenía muchas ganas de leer-de devorar,tras la espera reseñada-y que me había visto obligado a posponer puesto que me habían prestado varios y la buena educación me conmina a llevar a cabo su devolución lo antes posible.
Ya en la primera página comprendo que he cometido un grave error porque ese maldito libro me va a impedir acostarme a una hora sensata para con mis obligaciones laborales del día siguiente.Pero por otro lado,entiendo de súbito que ha sido un gran acierto puesto que llevo bastante tiempo en el que me cuesta engancharme desde el primer párrafo con ansia desmesurada a los correajes y a los arneses que,cuales paracaídas que como su nombre indica impiden el libre desplome,muestran y ofrecen los libros para quien necesite sujetarse en este abismo al que llamamos comúnmente vida.Esta primera contradicción hace aflorar en mi corteza por primera vez durante esa noche un pensamiento que ya no me va a abandonar hasta que el vértigo del sueño venza la batalla diaria-o mejor dicho,nocturna-de cada día-es decir,de cada noche-:no entiendo nada.
Y dejo de entender hasta mi propia actitud y mi forma de ver ciertas cosas relativas a este peregrino asunto para empezar a comprender lentamente,igual que una comedida araña empieza a tejer su tela por una esquina cualquiera sin prisa,muchos de las factores que hasta el momento han influido en mi forma de leer,de recibir,de sentir lo que un buen día un escritor intentó que alguien como yo,bajo la luz de una bombilla asfixiada por el aplastante calor del aplastado junio en Madrid,leyera,recibiera,sintiera.Me dice el libro desde el principio que los libros que no entendemos-al menos de primeras y con ubicua facilidad-son los que verdaderamente merecen la pena.Y también me cuenta que esa necesidad de comprender al instante lo que se lee es una costumbre muy española,demasiado española.
Entonces ya he avanzado algo.Por lo menos,he conseguido resolver algún que otro acertijo literario que ensombrecía mi limitada capacidad.Primeramente,no soy el único,ni mucho menos,que se alteraba y poco menos se enfurruñaba en un inicio al tener que releer varias veces un párrafo,una página,o incluso un libro entero.Y seguido,puedo empezar a entender que esa turbación me viene provocada por mi condición nacional.Justo después de salir a la ventana con un cigarrillo encendido para reflexionar sobre estos problemas satisfechos me doy cuenta que el llevar tiempo enredado en pesquisas de esa clase de libros,precisamente,no responde a una rareza literaria ni a la búsqueda de un cuerpo de lectura que me intente separar del resto de mis semejantes por rechazar analogías respecto a ellos,sino que incluso lo puedo considerar como la superación de un estrato en los diferentes estadios que como lector nos son manifestados.Bueno,me digo,algo es algo.Pero realmente no me sirve apenas,porque sigo sin entender nada.
Este libro en particular ofrece un muestrario de ejemplos en forma de citas y referencias a autores,desde los denominados clásicos hasta algunos de los de nuestros días,que abundan en dicha cuestión.Como único modelo de lo que hablo,que no es cuestión de destripar dicha obra con todo ese catálogo expuesto-aparte,porque no sería capaz debido a mi ya referida falta de entendimiento sobre la cuestión-extraigo aquí la cita que César Aira hizo en su momento de un señor que,allá por la mitad del siglo XIX,en su lecho de muerte y ante la publicación de un poema que causó un gran revuelo comercial y del que nadie entendía una palabra por más interpretaciones que se le hacía desde casi todos los foros existentes,solicitó encarecidamente que se lo compraran y se lo leyeran.Al cumplir con su última voluntad,pues al parecer el hombre murió poco después de escuchar el famoso poema,no fueron pocos los que aceptaron que el finado cesó de respirar desconcertado por no haber comprendido nada,cuando en realidad los más íntimos acertaron y aceptaron que su ser querido al fin había podido reposar circundado por la esperanza de no haber entendido nada de lo leído.
Puede parecer un absurdo beneficio a simple vista,pero reconozco un placentero deleite al releer esta cita y noto como me aproxima ciertamente a alguien,en este caso,muy alejado de mí tanto en el espacio físico como en el temporal.Pero con vertiginosa rapidez vuelvo a la maraña de la que intento salir hace tiempo y de la que pensaba que el perverso libro,si no sacarme,al menos iba a conseguir desliar aunque fuera en parte,porque como digo me siento a la vez respondido y estancado de nuevo ante ciertos circunloquios que se me cosen en la piel de la mente.Sigo sin entender nada.
Releo lo que llevo escrito en esta entrada y veo que la madeja,lejos de deshacerse entre mis dedos,se enreda aún más.Y lo que es peor,ni el objetivo primario he conseguido cubrir.Este no era sino,al menos,conseguir emplazar y acotar el embrollo que me traigo entre manos y colocarle como mínimo un comienzo,ya que lograr etiquetarle un final me parecía de comienzo tan difícil como otorgarle una explicación,por parva y sucinta que fuera.Y cuanto más lo escruto,mayor es el rebozo de sensaciones discordantes e incoherentes en el que me manejo,porque entender,ya no entiendo absolutamente nada.
Voy a dejar de divagar y entorpecer a aquel que haya decidido perder el tiempo con estas líneas que no llevan a ningún lugar,seguro o no,y para ello no me parece que decir el nombre del libro que trata y dio paso la otra noche a esta amalgama informe lleve a mejorar lo terrible y amorfo de mi escrito.Al fin y al cabo,cada uno debería tener sus propios libros en los que hallar respuesta para todas las dudas,incertidumbres,recelos y titubeos.Yo al menos,en un momento en que esas vacilaciones estaban surtiendo demasiado efecto y empezaban a hacer mella en mi capacidad de discernir y entender,he encontrado uno que sin resolverme ninguna duda ha conseguido,precisamente por eso,que comprenda algo básico y fundamento en el que aposentar mi criterio literario.
Ya por fin he entendido que no entiendo nada.Y me siento bastante mejor.
Resbala el tiempo
y sus esquirlas me mutilan en único jirón.
Confidencias ante dos copas,
la mía doble de whisky que de hielo,
la tuya doblando en cielo al alcohol.
Resbala el tiempo,
remedo de provectos planos históricos.
En bares vacíos por ocultos,
donde me incomoda mi traje prestado
y tú te acomodas entre ensueños pictóricos.
Resbala el tiempo
y me dispongo al desacorde encaje.
La membrana erosionada de mi memoria,
por serpenteantes pliegues cual meandros,
apenas sustenta frágil su rigor ante el embate.
Resbala el tiempo
y aparenta que también tú lo celebras.
Dicen que allí donde hubo amor
deberían sobrevivir rescoldos.
Yo ya no me creo más esas hebras.
A la hora convenida, llega el cliente y le hace pasar a la única habitación del piso que tiene habilitada como gabinete para masajes. Una penumbra oscura le acoge mientras se desviste. Ella, con el uniforme enteramente blanco salvo por los ribetes verdes manzana que seccionan el final de las mangas cortas y del cuello en pico de la camisa, enciende una docena de velas y una barra aromática de incienso compradas en el todo a cien de la esquina.
El cliente le pide la masturbación antes del masaje, para relajarse y disfrutar del sobeteo por el que ha pagado mientras se tumba en la camilla. Ella accede sin demostrarse asco ni lástima. Apenas atiende a lo que le dice el cliente, sin distinguir si se trata de algún cumplido o de una grosería, puesto que hace mucho tiempo llegó a la conclusión de que las mujeres vienen al mundo para hacer pajas y escuchar sin prestar atención a los hombres, y ella simplemente está en el selecto grupo de las que cobran por ello.
Escribo esta reflexión en la fecha en la que se celebra El Día de los libros,la fecha en la que se celebrará La Noche de los libros.Vamos,un día muy literario como resulta ser Sant Jordi,que gracias a Dios,cada vez menos se encajona sólo en Cataluña y se expande por más y más territorio de nuestro país.
Y en una jornada como ésta me apetece mucho llevar a cabo un vagabundeo colindante con una polémica muy en boga en los tiempos que corren,aunque dicho sea de paso no intento obtener acólito alguno para ninguna de las direcciones que asoman a la misma,y que no es otra que si los famosos e-books acabaran con el libro impreso;en una frase algo más técnica,si los soportes modernos acabaran engullendo a los clásicos,si el libro electrónico fagocitará todas y cada una de las hojas de papel que prestan su corpórea esencia a esa drogodependencia en la que se convierte la literatura si no sabes-o no puedes-decir que no al primer libro que te rompe las costuras por dentro.
Mucho se habla-y más que se hablará-del asunto,en el que a pesar de todas las opiniones personales de editores,escritores,lectores o simples sabihondillos tertulianos de cualquier porfía,sea de la índole que sea,me da la impresión-y me encantaría equivocarme-que por encima de cualquier consideración sobrevuela el intento de sacar provecho y hacer negocio con la cuestión.
Pero como por fortuna no es la intención en mi caso,me resulta interesante traer a estas líneas la opinión de profesionales que son los que tienen mayor voz y,llegado el caso,voto más grávido y que,como es lógico,son algunos escritores.
No puedo empezar sino por un maestro de la literatura contemporánea que nos presenta el debate en forma de obra majestuosa y que deja entrever una especie de pérfido deleite, y me hace imaginármelo rebozándose las manos en la penumbra de su casa a la espera de opiniones y juicios encontrados sobre el asunto tras publicar,a la hora de exhibir el debate ya en ciernes,cual subalterno que sin un capotazo de más deja al toro en los dominios del caballo para ver como se manifiesta ante el varazo de la opinión pública:hablo de Vila-Matas y su Dublinesca,libro en el que augura el fin de su personaje principal como editor en comparativa con lo que desea transmitir:la defunción de la era Gutenberg en favor de la era digital.
Creo llegado el momento de presentar mi opinión cual andamio en apoyo del libro impreso o clásico o como tengan a bien denominarlo.Si bien no me parece una disputa que requiera de paladines ni adalides porque considero que,como en casi todo,en la mesura pervive la razón,por lo que no me cierro a avance tecnológico en bien de la humanidad que ocupa y ocupará nuestro denostado globo.Y para muestra un botón:estas reflexiones,vaivenes personales,divagaciones íntimas las modelo,formulo y presento a través de un blog.Mezquino sería por mi parte comentario alguno contrario a la nueva forma de expresarse literariamente.Pero también defiendo con mayor fervor que un libro no sólo se lee,sino que también se toca,se siente,se huele.
Voluntariamente solicito un sitio en el mismo compartimento en el que viajan ciertos escritores que ya han dado su personal puntada con hilo en relación a esta controversia.En la fila en la que me alineo,el inefable Montero Glez apunta y-como siempre hace,con su pólvora negra y personal-dispara que “El vinilo tenía su encanto,más que la cassette.Con todo resultaba incómodo ir a dar la vuelta al disco cuando se acababa.Cualquier tiempo pasado nunca fue mejor.Quien diga lo contrario es que ama las cadenas”.Estoy de acuerdo,como también lo estoy con las palabras de Ricardo Menéndez Salmón,quien en artículo del gran Juan Cruz en El País afirma que “Siempre habrá buena y mala literatura,independientemente del soporte…Soy un convencido de la Red como generadora de opinión,discurso,información,conocimiento,expectativas e incluso falacias...Dicho esto,reconozco también ser un fetichista del libro en su formato clásico.El libro,como objeto,se me antoja insustituible”.
También merece mi mención la destacada novelista Elvira Navarro cuando expone que “Yo por el momento prefiero el papel para los libros,aunque el libro electrónico me parece una buena herramienta…”.
En todo caso la polémica está servida en torno al soporte literario,así que como cada uno se alimenta su propio cerebro,que cada uno opine lo que se avenga más con sus gustos y preferencias.Si usted está leyendo estas parrafadas,entiendo que lo hace libremente y,por lo tanto,con la conmiseración de permitirme postular mi opinión,la cual expreso tanto en el título de esta entrada como en el final de la misma:Lo que tenga que ser,que sea en papel,aunque ya no se lleve(o eso pueda llegar a parecer).
Tardo en retomar estas prosaicas reflexiones que,al igual que me ocurre desde la primera vez que empecé a vagabundear de este modo,no tengo nada claro donde me van a llevar.Supongo que,como leí hace poco,no se trata de saber el lugar al que uno se dirige al escribir,sino de evitar el que ocuparíamos si no lo hiciéramos.
El principal motivo por el que hace casi dos meses-en el momento de empezar esta entrada,no en el que crea que la he terminado-que no engordo este estómago mío es que no dispongo de demasiado tiempo para ello,y últimamente el que consigo entresacar es para otros proyectos literarios,que diría un profesional en la materia.Si bien estoy de acuerdo con un amigo en que el que escribe lo hace durante las veinticuatro horas del día,incluso cuando sueña-precisamente mientras se desata en ensoñaciones,creo recordar que decía-al menos a mí me resulta complicado debido a obligaciones profesionales-gracias a Dios,desde luego-que me ocupan y preocupan más de diez horas cada jornada entre unas cosas y otras.
Y otra excusa que también me digo,aunque ésta no me la termino de creer ni yo mismo,es que por lo general no encuentro un tema que me solace por entero sobre el que intentar estructurar su armazón literario y seguidamente,pretender desarrollarlo aquí con un mínimo de sentido y rigor.Como digo,no termino de creérmelo cuando reparo en que la semana que viene se llevará a cabo la llamada Noche de los Libros en Madrid y de la que pienso participar si ningún contratiempo lo impide,que nunca sabe uno.
Como es lógico,la oferta programática para esta jornada es cada año más amplio,abarca bastantes actividades de diversa índole y resulta difícil poder cuadrar los horarios y lugares donde se van a desarrollar dichas actividades con el tiempo que cada una de ellas consumirá.Escudriñando el programa,me he decantado por un menú variado que gira en torno a un acto que desempeñará el papel de piedra angular.Curioso que en una jornada eminentemente literaria,la piedra de toque de mi recorrido elegido sea la presencia de un músico.El gran Quique González actuará en una especie de concierto poetizado en el Círculo de Bellas Artes.Para mí,éste sería motivo más que suficiente para acudir a dicha cita por sí solo,pero además hay que sumarle un aliño que me despierta bastante interés.El artista madrileño compartirá escena con un escritor que he descubierto hace poco tiempo-como la gran mayoría de la masa lectora en este país,y casi más por aspectos polémicos que literarios-y que lo poco que he leído suyo me ha gustado bastante.Me estoy refiriendo al vasco Kirmen Uribe,reciente ganador del Premio Nacional de Narrativa 2009.El evento está referenciado como concierto y lectura.Suena bien.
Antes de esa cita dispuesta para la medianoche,tengo la firme intención de pasar por el Hotel Kafka,librería-taller de lectura y escritura-centro de reunión de buena parte de la joven y reverberante jauría literaria que pisa o pasa por la capital actualmente.No lo conozco pero ya de por sí el nombre elegido para dicho lugar invita a acercarse con los poros bien abiertos para captar lo máximo posible de lo que se cuece por esos lares.Además,el acontecimiento que se publicita allí también suena bastante atractivo,puesto que tendrá lugar una Cata Literaria a cargo de Marta Rivera de la Cruz.Reconozco que no estoy al tanto ni de ella ni de cata literaria alguna en particular.Habrá que husmear con finura.
Y para finalizar,continuando de lo más tardío a lo más temprano en el tiempo,creo que mis huesos pasearán a media tarde por la Casa de América donde se llevará a cabo una conferencia cuyo título y contertulios o conferenciantes me resultan verdaderamente atrayentes,poco menos que imperdonable el pasar por alto dicho acto:’América y Europa,Literatura de ida y vuelta:Borges,Calvino,Camus y Cortázar’,en la que participarán Agustín Fernández Mallo-está claro que mi Noche de los Libros particular va a regirse en buena medida por los fragmentaristas-,Benjamín Prado,el peruano Fernando Iwasaki y el colombiano Juan Gabriel Vásquez.Como diría un taurino,no hay duda que será una corrida torista y torerista a partes iguales.
Espero disfrutar y empaparme al máximo de una noche que pinta tan interesante por adelantado,y aderezarla como Dios manda con buena compañía-en mi caso personal,creo que la mejor posible que pudiera tener-y la adquisición de alguna obra en la Noche de los Libros que a buen seguro se convertirá en mi libro de noche,pues me siento totalmente identificado con el inimitable Pessoa cuando afirmó aquello de que ‘yo por el día soy nulo,y por la noche soy yo’.
Como me pasa a mí.También para leer.
Zambullido en el cementerio del alma,
me reafirmo en el aliento de objetivar
que cuando cae el velo de tus ojos,
el tiempo se puede parar.
Aunque en territorio comanche
y con las pinturas de guerra en el armario,
el paisaje quejumbroso que me encuentro
ante mis ojos entre desolados andamios.
Los pulmones preñados del instinto,
de ese rumor de fondo al respirar.
Y los ojos de medusa nadando en luz
orgullosos solo de lo que saben admirar.
Como la frecuente ignorancia intelectual
poco menos que despreciado por desconocido,
pero sintiendo en mucho tiempo la libertad
tras haber sido parcialmente oprimido.
Siento mi vida y sus heridas abiertas;
pero el permiso exclusivo que tú me das
las atranca tras el trazo de un cometa.
Espero que no vuelvan nunca más
y pensarlo cual corazón lisboeta.
Con el temporal y el alma en los zapatos
veo una enseñanza esencial para mí:
arruinar la adhesión que te costaba trabajo.
(Ya lo sé, doloroso aprendiz)
Harto de tirar al suelo aquello que quiero.
Tendría-llegado el caso-que sortear la luna
porque preciso permanencia en tu cuento.
Y no cubriré más equivocadas rutas
ni lanzaré más monedas al viento.
Patrón de espera en las ficciones privadas
mientras me enclaustro en la poesía de lo cotidiano.
Las causas perdidas dejan el alma medio quebrada,
como en plomizos y adustos domingos
levantando alfombras y con voz silenciada.
No besas para no soñar,te digo
espoleando tu incendio íntimo y trenzado.
Tú me indultas otro insulto al abrigo
de los cristales negros de mi mensaje cifrado.
Por carreteras secundarias deambulo.
Merodeo vagones en vías muertas.
Donde sin preguntas tú me quieres,
donde yo te quiero sin respuestas.
Nada es urgente en esta cárcel de recuerdos,
donde nada cabe salvo el desarraigo.
Es mi áspera soledad,como silla en un país lejano.
Es el otoño perpetuo donde siempre es noviembre
esparcido en tanto tirar la piedra y esconder la mano.
Leo del genial Luis García Montero en su extraña y vibrante novela-por la base literaria elegida y por el trasfondo humano e íntimo que emana de ella,respectivamente-Mañana no será lo que Dios quiera,dedicada al incomparable Ángel González,algo que desde el mismo momento en que mis ojos lo trasladaron a mi cerebro no ha dejado de retumbarme entre las sienes debido a su carácter poco menos que inherente al ser humano.Al menos,en el que actualmente (mal)habita este planeta.
Tengo claro que no es uno de los sustratos que el poeta se empecinara en manifestar a la hora de escribir este libro,pues mayoritariamente éstos son la dignidad y el amor a la vida,ámbitos que personifica en las andanzas mundanas,literarias y personales del asturiano novelizado,y como bien claro se encargó de dejármelo con su rúbrica en la pasada Feria del Libro de Madrid.
Me refiero al concepto ‘futuro’ y del efecto que ejerce sobre la gran mayoría de la humanidad,ya que elegir el término totalidad es a todas luces,y como ocurre en estos casos,injusto,desmedido y,por lo tanto,equivocado.En el citado libro se nos presenta ese futuro como algo cercano,extremadamente próximo a nosotros,casi tanto que sentimos posible al menos rozarle con la yema de los dedos en algún momento de nuestra existencia.Y sin embargo este ansiado momento no termina de llegar nunca y se acaba difuminando como lo que es,algo etéreo,efímeramente construido por el anhelo humano de controlar ese porvenir genérico que nos aguarda siempre en la siguiente esquina y al que nunca logramos ni lograremos agarrar por las solapas de su vaporosa gabardina.
Y es que desde tiempo inmemorial éste ha sido y es uno de los principales sueños,uno de los más ansiados intereses humanos:proyectar,predecir,adivinar,anticipar-y en una palabra por encima del resto-controlar el futuro.Con todo lo que ello conlleva.
Inveterado afán.Inveterado e inútil.Raigambre ya meramente nombrada con anterioridad unas líneas más arriba,y estéril aspiración humana por una sencilla razón,por encima del resto,en cuya disertación me apoyaré con buen tino en la conclusión recogida con toda la sutileza y concisión magistrales de Sergi Pamìes en su cuento El futuro-no podía titularse de otro modo.En dicho relato,un hombre no ceja en su empeño de figurarse como será su vida en los años venideros.En esa tenaz insistencia llega a verse-a imaginarse-después de afinar ciertos y vagos detalles postrado en la cama de un hospital.Pero,lejos de interesarse por las causas médicas y,por lo tanto,de su posible prevención,que le llevarán a ese lugar,y ni tan siquiera por saber si esa estadía será definitiva o únicamente transitoria,el protagonista del cuento,una vez anclado mentalmente en ese futuro episodio a suceder en su existencia,empieza a fijar todo su esfuerzo nuevamente en saber qué le seguirá deparando el futuro a partir de ese momento de postración hospitalaria.
Como la he denominado estéril e inútil,me parece necesario explicar porqué.Nuestra obsesión por lo que tendrá que acontecernos no lo es en sí por intentar saber qué remedios y qué acciones llevar a cabo para empequeñecer nuestros sufrimientos y padecimientos y de esta manera mejorar nuestra vida,sino que actúa como incauto y necio grillete en nuestro día a día,apocándonos lentamente y convirtiendo esa mengua en algo común a nuestro devenir.
La conclusión saliente de este cuento se presenta diáfana para la disertación aquí expuesta y presentada:sería bastante más recomendable para nuestra buena salud mental y sensitiva el no (pre)ocuparse tanto por lo que el mañana reserva en nuestro casillero y hacer el intento de saber percibir,entender y disfrutar algo mejor todo aquello que nos rodea en la actualidad,puesto que fácilmente encerramos en el desván la existencia de alguna discreta y extraña ley que se nos escapa y la cual dicta ciertos episodios de nuestra existencia a su antojo y fuera de nuestro alcance.
En este mundo real que nos toca sobrellevar,en el que a simple vista no hay mucho hueco para sentimientos,sensibilidades ni pasiones personales-repito,a simple vista-,me permito parafrasear al variado refranero español y,a modo de despedida,me digo que ojalá nunca deje para mañana lo que pueda sentir hoy.
Hubo un tiempo,cuando mis labios chocaban con los tuyos,
en el que el cielo no se nublaba aún con nubarrones en lo alto,
parecían rascacielos las casas bajas de suburbios,
y el placer más exultante era incomparable a tu tacto.
Hubo un tiempo,cuando tus brazos enredaban mis sentidos,
en el que el sol sobrevivía en eclipse permanente,
envolviendo sin dudar nuestros impulsos repetidos
de manera involuntaria,arbitraria,vehemente.
Hubo un tiempo,cuando tus lágrimas encogían mi interior,
en el que la ansiosa angustia detenía nuestros pasos,
y se enroscaba en los alambres del corazón
cual enredadera rémora de vida en nuestros vasos.
Hubo un tiempo,cuando mis actos conformaban tu dolor
en el que el viaje comenzaba cada amanecer,
y el tripulante reanudaba expectante de satisfacción
y penitente regresaba al doloroso entender.
Hubo un tiempo,cuando aún ni te conocía,
en el que sin más te amé.
Para la princesa.
Que la caprichosa e invisible ley te bese
la mejilla y te entregue en las manos
lo que aún te deba y mereces.
Ese es mi deseo siempre…
Hoy más.
Con la voracidad en ajenas palabras
y la zurdera como tenaz expresión
irredenta de soslayos y amalgamas.
Ya no quiero seguir por ahí.
Obstinados y enmadejados en ofensas felinas,
con la inexpresividad circundando las miradas
intentan arrastrar a oscuros y vacuos prismas.
Ya no puedo seguir por ahí.
Prescindir por fin de la fiereza resultante
se antoja extremadamente necesario.
De su garra,de su antojo recalcitrante.
Ya no debo seguir por ahí.
Luz artificial orillada en el presente
me anticipa tanta disparidad contigo,
agraviado en laberintos de tu vulgar simiente.
Ya no sigo más por ahí.
Rearmarse:
-No me quiso,era simple interés.
-¿Eso sigues pensando?
-Nunca.
Esta vez no jugaré a uno de los entretenimientos que íntimamente más me divierte,y descubriré el nombre del referido en cuestión antes incluso de lo esperado.Andrés Neuman es un escritor posiblemente desconocido en círculos no demasiado literarios.Tan posible como injusto.Por su apellido uno no debería tardar en exceso en darse cuenta que,al menos,desciende de judíos.Bueno,no deja de ser un dato irrelevante,salvo si lo que nos encoje por dentro aumenta por momentos y no nos satisface con aprender de él simplemente lo que leemos,sino que llega el caso en el que decidimos investigar algo más,por ejemplo,parte de su vida privada-o no literaria-.
El mismo no lo tiene muy claro como personalmente duda si lo es o no,pero al menos descubrió hace tiempo que sí proviene de una familia tal.Ya es un paso,Andrés.Eso,al igual que descubrir su faceta de escritor a los diez u once años.Ese sí que me parece un verdadero dato.Y en eso te envidio,aunque no será en lo único en lo que demostraré verdadera admiración por ti,pero tiempo al tiempo,o como tú bien dices,dejemos andar al tiempo.
Uno ve que hemos nacido el mismo año,y sin embargo tiene un repertorio que muchos,por no decir la gran mayoría,firmarían-firmaríamos-con el doble de edad.En cantidad y calidad.Y que quieren que les diga,el que suscribe estas líneas es mortal,acotado,tiene debilidades y lo admira,repito.Aparte de envidiarlo,claro.
Porque lo que escribe es lo que escribe,y porque como lo escribe es como lo escribe.Apurando las concesiones que nuestro magnífico idioma me ofrece,me resulta facilísimo resumir el como y el cuanto expresa Neuman:en una palabra,impresionante.En el más puro y descarnado significado que nuestro diccionario oficial nos explica.
Esa misma edad me hace pensar por un momento que debería llamarle de tú en el hipotético y afortunado caso en el que tuviera la oportunidad de cruzar alguna palabra con él cara a cara.Pero salvada esta cuestión inicial del respeto ganado por los años,me doy cuenta en seguida que debería de llamarle de usted por varias razones.Primero,porque escribe como los ángeles.Después,porque lo que quiere expresar lo transmite con ejemplar concisión sin escatimar ni en el fondo ni en la forma.También,porque sobre lo que escribe me parecen temas de mucha y profunda importancia,de profundo y mucho interés.Y aparte de estos motivos y más que podría seguir enumerando,porque me da la gana.Más que nada porque le envidio.Aparte de admirarlo,claro-una vez más,queda dicho-.
Lo primero que descubrí en él es la manera en la que entrevera dos elementos puntuales en el desarrollo y comprensión de un ser humano,dos fibras que entretejen el jersey de nuestra existencia.Sin dar vueltas,y por poner ejemplos,en Bariloche te ensarta la lucha interna de un hombre por vivir-sobrevivir-con la belleza y exclusividad de parte de la naturaleza de nuestro planeta.O también,en Una vez Argentina,la incomprensión personal que uno siente por sí mismo con la que esa misma persona cree notar y palpar proveniente de su entorno más cercano,mezcladas ambas en la ensalada de la situación política y social determinada del trozo del globo terráqueo donde nos ha tocado en suerte aparecer por aquí en un período de tiempo bastante amplio,lo cual complica bastante el asunto.
Pero claro,cuando este puñetazo a tus entrañas disminuye algo en intensidad y empiezas a recuperar parte del aliento perdido tras dicho directo,te das cuenta que tiene una colección poética que te agarra por el cuello y te tira de la silla.Alguien debería avisar ante escritores así que es poco recomendable para la propia integridad su lectura fuera de una cama amplia,de un parque sin acusados altibajos,o directamente del suelo de nuestra habitación,que de ahí hasta la fecha no se ha caído de bruces nadie,al menos que se sepa.Aunque no es menos cierto,por poner un par de ejemplos nada más,que el gran Bolaño ya nos lo anticipó al afirmar con rotundidad que la literatura del siglo XXI le pertenece a él y a alguno de sus hermanos de sangre.Brillante siempre Roberto en tus conclusiones,siempre hasta la muerte.O simple y más directo,Luis Antonio de Villena nos insufla aire frontalmente al afirmar sin rodeos que hay que leerle.Nada que añadir.
Mucho me temo que,para mi desgracia literaria-desgracia vital-las similitudes entre Andrés y yo acaban en el año de nuestro aterrizaje.Habría que ponerse a investigar algo más a fondo,pero no me interesa especialmente la pérdida gratuita de tiempo.Bueno,pensándolo mejor,hay otra coincidencia,aunque sólo a medias y también no literaria.Los dos somos españoles,si bien yo amanecí en Madrid y él en Buenos Aires.
No crea nadie que decida leer estas líneas que me he equivocado ni que mi ignorancia geográfica raya límites inadmisibles.Han leído correctamente,puesto que Neuman es un español nacido en la capital argentina.Y para más señas,es un compatriota de Granada,pues es en la bella ciudad nazarí donde vive,respira,lee,enseña.Donde escribe,en conclusión.
Querido Andrés-si me permites una nueva contradicción afectuosa en el trato a darte por mi parte:No paras de mandarme diáfanos mensajes en relación a todo lo que nos desune.No sólo elegiste ser de otra capital diferente a la mía;no te conformas con tener claro tu asentamiento al tiempo que yo aún sigo buscando donde quedarme;no te vale con afirmar rotundamente que tú ya eres,mientras yo humildemente lo intento;incluso,si me permites una banalidad-otra más-,tú eres de Boca cuando yo elegiría antes a los de la banda sangre si apostara en cualquier Apertura o Clausura.No es suficiente cualquiera de estos aspectos,no.Es que encima me vuelves aún más contradictorio,pues me generas lo mismo que el inigualable chileno le genera desde hace mucho ya al inigualable barcelonés:cuanto más intento alejarme de ti,más cerca de lo que te leo me siento.Y cuanto mayor es el intento de aproximación hacia tu literatura,más consciente soy del abismo que existe entre tu pluma y el ripio que es la mía.
Pero como buen canchero que procuro ser,no te prometo bajar la guardia y te aconsejo-si me permites la osadía-,que no te despistes en demasía y mires de vez en cuando para atrás,pues has salido exitoso de las primeras siete gambetas,pero aún intentaré un último intento de rebañarte la pelota-que no el balón-,que aquí somos todos muy hombres y no caben mariconadas, ya sabes lo que digo.Tu pelota literaria,claro.
Sólo soy yo cuando estoy solo.
Lo recojo con avidez insuflado por el levante.
Traslucirlo-y no puedo-desde hace años.
¡Ah! redimirme con un espejo delante
en la hora de los pájaros extraños.
Reunirme con el consejo en pleno,
particularizar y respirar en mi frontera.
Rearmar los trozos,los trazos y los caños.
Conocerme-reconocerme-por vez primera
en la hora de los pájaros extraños.
El cenicero,humeando pensativo
rezuma,implorante de inquietud y no receso,
su alquimia cual misántropo vengativo.
Obcecado en su propio celo en exceso,
en la hora de los pájaros extraños.
Cuando más amplio y sereno me siento
y consiento el dominio de las amargas lazadas;
cuando el fulgor rubicundo saluda lento
y destemplado me recibe bajo la frazada.
En la hora de los pájaros extraños.
Es en ese insólito y efímero estado,
perentorio tornillo fijante al escaño,
auténtico y exclusivo suero glucosado.
Es en ese momento real,grávido como estaño
cuando sólo soy yo.Porque estoy solo.
En la hora de los pájaros extraños.
Pues resulta que,sin saber muy bien como ni donde,te encuentras de repente con un libro y sin especial intención te dejas llevar por él,y al poco de leerlo te das cuenta que necesitas volver a dedicarle parte de tu tiempo.Y justo después de hacerlo eres consciente que te ha enganchado ese autor y que no quieres dejar pasar la oportunidad de conocer alguna obra suya más,por si acaso ha sido un espejismo transitorio y lo que te parecía algo fuera de lo común era simplemente eso,una ilusión óptica debida a Dios sabe qué.
Y resulta que lees un segundo libro de ese escritor y entonces ya no te quedan apenas dudas de que realmente te resulta extraordinario-en el sentido literal del término-,una fuerza extraña,un empujón interno y visceral como un vómito que no puedes evitar.Y el caso es que ya llega el momento en que tampoco lo querrías hacer,y te conviertes en anoréxico de su manera de entender la literatura,que es convertirte en anoréxico de su manera de entender la propia vida.
Y resulta que sacas de la biblioteca dos libros suyos más y el arreón es bestial,el golpe que te genera cada página,cada párrafo,casi cada línea es exagerado.Y entonces comprendes definitivamente que lo que dice,y que como lo expresa es lo que llevabas mucho tiempo buscando sin buscarlo,es lo que estabas esperando casi sin esperarlo.
Y resulta que ya no te vale simplemente con leer sus obras,sino que necesitas saber algo de él como persona,y si te apuras como personaje.Y entonces te das cuenta que todo lo que ha sido-que en el fondo es todo lo que ha hecho,como todos-se asemeja en gran medida a muchas de las cosas que te hubiera gustado hacer a ti.Porque aunque desgraciadamente él ya no pueda hacer nada más y tú sí,ves con nitidez que ya ha pasado tu oportunidad y que no vas a poder llegar a hacerlo,y ni mucho menos por asomo con la calidad y clarividencia con las que lo hizo él.
Y resulta que algo que en ti o en casi cualquier otro mortal podría parecer una vanidad e irreverencia,en su caso es un regalo hecho libro,luz de guía para todos en el fondo.Y entonces su Vida.Instrucciones de uso se convierte en un terapeuta gratuito y sencillo de seguir en sus consejos para lo que el azar y sus caprichosas manos te tengan deparado.
Y resulta que la angustia que supura por cada poro de cada palabra de cada línea de cada párrafo de cada libro de Georges Perec es la misma angustia que exhala por cada uno de tus poros,y te hace sentir bien porque te das cuenta que no eres tan raro como tú pensabas,y que antes que tú ha habido alguien más que ha sentido lo mismo,y encima ha sabido contárselo a los demás de la manera tan directa,encarnizada y salvaje como lo ha hecho él.
Y resulta tras llegar a estas conclusiones que tus pensamientos van un poco más allá y entonces te da rabia que para este hombre los días sólo tuvieran veinticuatro horas,porque te gustaría que hubiera escrito el doble de cosas de las que dejó plasmadas,y concluyes con meridiana claridad que el tiempo es injusto con el ser humano,porque a la inmensa mayoría le sobran veintitrés-y te quedas corto-y al genio que respiraba por sus venas le faltaban otras tantas como mínimo.
Y resulta para finalizar que has escrito este artículo en segunda persona,al igual y como espontáneo homenaje a su Hombre que duerme,obra que a ti te resulta maestra que fue escrita en esa persona del singular como claro ejemplo de la cárcel personal que muchos de nosotros sentimos diariamente.Y entonces llegas a la conclusión que a lo mejor has derivado demasiado y dado excesivos rodeos para decir lo que en el fondo era lo único que querías decir,y es que todo el mundo debería leer a Perec en algún momento de su vida.Y crees reconocer solamente a un gremio profesional que no estaría de acuerdo contigo en esa apreciación,más que nada porque le quitarías el pan que llevarse a la boca tras ganárselo con su trabajo diario,y que serían los psicólogos.Porque después de dejarte navegar por sus insondables dictados,Lo infraordinario cobra una dimensión nueva,diferente,única.
Nadie te solicitó documento alguno.
Entraste directa por mis venas
sin pedir asilo político
y sin atisbo de pudor ni disimulo.
Ahora soy yo el único inmigrante
huyendo del incesante fantasma inesperado.
Otra vez invocando a mis fieles y farsantes.
Otra vez pidiendo cena para uno.
Me acodo en la barra conocida
exploradora acuciante de mis miedos.
El corazón arlequinado en negro y blanco
y los conductos de neblina y denso humo.
El tiempo se paró ya hace tiempo,
y las manecillas ya no llegan a su hora.
La esfera del reloj-enmohecida y mojada-,
que retrasa por promiscuos desencuentros.
Si pudiese olvidar te desterraba.
Si lograse abstraerme,la leña al fuego.
Si supiese odiarte,sin más te adoraría.
Si me hubieses dejado,te amaría de nuevo.
Y siempre.
En la línea de salida
alguien cambió los planos.
La madriguera está vacía.
Soy pálido,algún tatuaje que otro.
Te aborrezco cuando no estás,
y te empiezo a echar de menos
cuando me abrazan tus tentáculos
de amargo fuego.
Con el oleaje de la incertidumbre
en pleno estado de emergencia
me dejo arrastrar por tu corriente
desmembradora de conciencia.
Alivio es lo que ansío en tu regazo,
desde niño siempre lo encontré.
Seguiré bailando colgado de tu brazo
mientras me mantenga en pie.
Tus besos,frías y rocosas puntadas
restan esta paradójica sensación
de abuhardillado alejamiento.
Eres sombra,fantasma…Nada.
Ni te culpo ni te exonero.
En el fondo,
aún ando buscando donde me quedo.
Los hombros cargados de soledad
retumban más en la imaginación que en el recuerdo.
El principio del precipicio injerido
al sentir que en abismos me retuerzo.
La arbitraria sombra en el cerebro,
abstraída en cercenar el apéndice
y mutilar la extremidad al exterior.
Espectro umbrío,díscolo,negro.
Mas respiré sin cesar.
¿Acaso no es lo mismo?
En algún caso,unos lo leen.
En ninguno lo entenderán.
El acólito cerebro en la sombra,
espoleta impertinente y eficaz
desmantela sigiloso el edificio
y con simpleza lo escombra.
Comprender bien sus dictados
Me haría sentir –demasiado- excéntrico.
Tanto como recuperar su listado
entre mis silencios propagado.
De nuevo en el otrora cómplice abismo
con torpes ajetreos en un flamante desfiladero.
Y con el manto por el sur rasguñado
y culpable en los labios más hirientes
del más doliente mentidero.
Porque este día lo debió pintar tu sonrisa
en mi ventana la mañana es clara e inmensa.
Porque tus entrañas empezaron a andar
mientras muchos no saben dar dos pasos.
Porque me has liberado de la ansiedad.
Y por encima de todo,razón o no,
porque cerca de ti soy más.
El sol sale a veces.
La noche nos sorprende a veces.
La vida sólo es a veces.
Siempre te quiero.
Debajo del mar
se bebe de trago largo,
se fuma en calada honda,
se ama en quejido silenciado.
Debajo del mar
se tiñe todo de pastel y rosa palo,
se come mal y destemplado,
se añora la dignidad de antaño.
Debajo del mar
se habla de tí anestesiado,
se piensa en tí exacerbado,
se sueña en tí desesperado.
Debajo del mar
se hace el amor inventado,
se respira sólo el humo inhalado,
se ruedan escenas de condenado,
se vive desarraigado.
Debajo del mar
el salón está deshabitado,
el dormitorio deportado,
el armario cuatro cuerpos,atrancado.
Debajo del mar,
Sólo habita tu corazón.
Nadie cabe a su lado.
Domingo en madrugada;
con los cielos que acabamos de incendiar
regresamos a la realidad,
si fuera de lo nuestro acaso existe.
La ciudad respira ajena y vacía,
dormitando en los impuros y falsos anaqueles
de inveterada y rancia corrección.
Hoy dormirás sin pensar en nada,
con el regusto dulce y esperanzador del futuro
que te espera y que ansías que te complete todo.
Hoy dormiré pensando en todo,
con el revoque de mi interior pintado,
por fin,sin pretender entender nada.
Mañana,
los ojos nos mirarán sin luz.
Los labios nos nombrarán sin fuego.
Las mentes nos sentirán sin temblores.
Los corazones nos pensarán con lamento.
Pero no nos engañamos,no nos duele,
porque lo sabemos,
esa luz está en tus ojos,
ese fuego reside en nuestros labios,
mis brazos se estremecen en tus lazos
y tu pecho no entiende de tristeza
si sueña con mi pecho.
Domingo en madrugada;
la claridad del amanecer remarca tu sonrisa,
la termina de vestir con toques argentados
antes de desmayarse revuelta de envidia.
No comprende el incendio íntimo,
y no quiere saber como llegó.
Sólo arropaba sueños rotos
y besos de eternidad infundada.
Ahora,
quién dejará de besar para no soñar.
Quién le pedirá cobijo bajo su manto,
de frío y áspero tacto,
si su regazo ya no vas a necesitar.
La hipocresía abrazará nuestros encuentros,
inmisericordes a la generalizada opinión.
Lo admitimos con absoluta certeza,
con la misma con que sabemos
que la nuestra es la verdadera opción
para ser felices,
que al fin y al cabo es lo único que importa,
¿o no es así?
Domingo en madrugada;
ya se ha secado el charco de estrellas
donde otra noche nos hemos vuelto a bañar.
Ha dado paso a una laguna de lágrimas,
que no es de tristeza ni de angustia.
Es tu amor rezumando desnudo
el que clarea tus pupilas,
cuando me repites sin cesar
lo que estás descubriendo,lo que me estás amando.
Hoy es día de fiesta.
Por eso las muchachas van vestidas de guapas,
con sus mejores vestidos,con sus mejores alhajas
camino del parque de San Juan.
Como siempre,me recogerás en casa.
Falda estampada y blusa de lino,
en tonos marrones y ocres
que tus ojos tanto destacan.
Fabricaremos otro día más,
basado y bañado en olores inolvidables,
en colores inesperadamente fugaces,
en bancos de niebla disueltos por la paridad.
Entraré en tu cama trepando por la ventana
que sobresale en la esquina de tu corazón.
Tomaremos cerveza y refrescos con los demás
sin que sepan que vamos solos,que estamos solos…
Y no únicamente paseando por el parque,
sino solos sin ellos,sin nadie,sin defensa ni razón.
Nos veremos en los bancos de madera,
en las parejas de ancianos,
mirando a los hijos de sus hijos
como quien siente su reflejo en otras manos,en otras caderas.
Y no pensaremos más por hoy en disputas,
en desencuentros más o menos banales,
porque hoy es el día grande,
y vas suficientemente henchida y linda
como para arruinar tu día de fiesta.
Había algo en él que le hacía diferente desde temprana edad.No desde un punto de vista negativo,ni como elemento de incomprensión o falto de integración,lo cual él mismo llegó a pensar durante excesivo tiempo.Más bien se trataba de cualidades,de aptitudes y actitudes dispares a las socialmente bien vistas en sus semejantes.Pero era innegable que disponía de un aura especial,que resollaba un soplo distinto al nuestro,que su hálito se asentaba en un coraje y en un esforzado espíritu que desde un primer momento se entreveía poco común al resto de los mortales con los que le había tocado en suerte compartir las cosas mundanas.
En un momento y en un mundo donde lo que primaban eran los éxitos urgentes,los triunfos materiales y tangibles con independencia absoluta de conceptos tan inútiles como la ética o la moral,puesto que lo único verdaderamente plausible era el resultado final sin interés alguno por la cimentación sobre la que éstos se habían posado,tuvo la decencia consigo mismo,el valor y la determinación de luchar por el camino que consideraba le llevaría hasta el más alejado y elevado de los estados del espíritu humano:la felicidad.Lo intentó aun a sabiendas que tanto ese fin como el propio proyecto a llevar a cabo rozaban la utopía,y encima con el agravante de,como persona cultivada que era-y es,y por supuesto siempre será-,conocer perfectamente que utopía viene de una raíz griega que significa lugar que no existe.
En ocasiones avanzaba más rápido;en las más parecía que acabaría estancado y dejaría de navegar por su propio océano.Pero no se detuvo en ningún momento,a pesar de las lógicas dudas que le surgieron,a las cuales,por una amplitud mental e íntima por encima de la media,no sólo las dejaba salir de su interior con una contundente y en general mal entendida visceralidad,sino que además remallaba con convicciones al poco tiempo de haber sido embargado por ellas.Y esas vacilaciones aumentaban según avanzaba el irremediable tiempo,el cual se fue convirtiendo en una especie de verdugo amenazante con una mayor maligna condición con él si cabe,debido principalmente al laberinto en el que,como ya ha quedado claro por su propia voluntad,se enredaba cada vez más.
Apoyos externos no acumuló en número elevado en su tortuoso,polvoriento e incomprendido camino.De lo que no se podrá olvidar fácilmente-y hasta que nos deje reconocerá como compañeros de andanzas y luchas continuas-quizás sea de su atril,soporte físico-y seguro que algo más-de sus libros y apuntes;de sus puros-otrora pipa aromática de fumar que por la calle de la amargura llevaba a más de una-,que le envolvían en una eterna bola de humo-estoy convencido y es opinión mía,humaredas nocturnas que desaparecían por la ventana enrejada hacia el infinito del cielo junto con sus sueños,desesperanzas,anhelos y miedos-;de su omnipresente vaso de café solo,bien cargado de azúcar;o también de cualquier prenda de vestir que,a modo de chal le tapaba los hombros las frías y solitarias noches en el frío y solitario despacho.
Parece que estoy viendo ahora delante de mí esa imagen,esa encorvada silueta encima del plano donde se dibujaban campos de batalla imaginarios y estériles para el resto,pero guía y sendero literalmente luminoso para aquel que dejaba la vida en ello,pues sin ello su vida carecía de sentido alguno.Esa figura humana alimentándose dentro de su propio cansancio,de su íntimo esfuerzo,de su pelea personal contra todos los que opinaban contrarios a él-a veces con todo el cariño y amor que le profesaban-.
Ha ido superando obstáculos y dificultades orográficas en su geografía vital.Y los que le quedan.Sesenta y seis paredes le podrán poner que allanará su camino en otras sesenta y seis ocasiones.En este sentido,no considero que este aspecto sea merecedor de mayor alabanza que a cualquier otro mortal.Simplemente,y por el enfoque que de su lucha,de su hombría y de su existencia ha hecho consigo mismo,es de engrandecer que ya que la meta es el camino,aunque no sea consciente-si no lo es,será porque no quiere-,ha sido verdaderamente más feliz que la gran mayoría de sus contemporáneos.
Estamos acostumbrados a dejarnos llevar por nuestra propia corriente y muchas veces,la mayoría,somos por completo incapaces de entresacar de la medianía aquella historia que,posiblemente por su propia cercanía con nosotros,dejamos pasar con el resto de rutinas y mediocres situaciones cotidianas.Nos cuesta horrores reconocer méritos del que viaja por este sinsentido a nuestro lado.No tenemos ni la capacidad ni la humildad de otorgar merecimientos,quizás debido a la mezquindad de ser sabedores que nos superan habiendo tenido las mismas oportunidades que nosotros,cuando no menos.
Pero a lo mejor hasta sería bueno y todo que tuviéramos el cuajo de detener nuestro rumbo un momento sin necesidad de agotar nuestro camino,antes de llegar a cualquier cruce de caminos y darnos cuenta que a la altura de nuestra cintura coexiste siempre alguien del que tenemos mucho y bueno que aprender.Al menos,me parece que todos deberíamos disponer de esa verdadera fortuna.
Yo sí la tengo.Es sesenta y seis meses mayor que yo,y sesenta y seis veces mejor.
En casi todo.
Hace un par de días,y por motivo de una obligaciones laborales,tuve la ocasión-me atrevería a decir que la suerte-de asistir a una charla que me causó una grata impresión y que me satisfizo por tres motivos concretos:primero,el ponente nos habló de sus experiencias vitales,personales y profesionales en materia desconocida absolutamente para mí;además,la engastó bastante bien con la actividad a la que nos dedicamos la totalidad de los oyentes allí presentes a pesar de ser dos universos diametralmente opuestos;y por último,me hizo reflexionar sobre aspectos personales y me regaló la posibilidad de encontrar un buen asunto sobre el que vagar por aquí una vez más.
El ponente en cuestión era Juanjo San Sebastián,montañero bilbaíno que,al parecer,es uno de los más carismáticos que existen en nuestro país en estos días.Y digo al parecer porque como ya he dicho,mi ignorancia en tales menesteres es tan inmensa como la belleza de las fotografías que nos mostró de sus andanzas por esas montañas de Dios.
Aparte de consideraciones más o menos técnicas,o referidas a las razones que motivaron la presencia de este alpinista en dicha asamblea a la que asistí,los ganchos con los que personalmente y de manera casi inmediata me amarré a sus explicaciones se asentaron fundamentalmente en la costura que llevé a cabo-gracias sin duda también a la frescura,agilidad y amenidad con la que el montañero desarrolló su intervención desde un primer momento-entre su actividad profesional y deportiva y la pasión existente en ciertas personas por la lectura y por la escritura.
En primer lugar,San Sebastián dejó claro que no existía ninguna explicación lógica,que no se debía buscar razonamiento alguno a su pasión por escalar las más altas montañas.Precisamente,expuso que era por eso mismo,puesto que él no se planteaba su actividad ni como profesional ni como deportiva,sino como un acto pasional,de pasión extrema.En realidad,¿tiene algún tipo de justificación para alguien jugarse la vida en condiciones infrahumanas si no es por dinero?
Hay bastante gente-yo,al menos,conozco a más de uno-que dice simplemente que no,y a personas como Juanjo directamente les tachan de locos.Sin embargo,sus palabras me causaron una emoción importante,diferente a lo que se va encontrando uno por la vida día a día,puesto que me parece verdaderamente admirable que haya personas que llevan a cabo ciertas actividades,ciertas obras por el simple hecho de que dentro de ellos hay un impulso innegociable,una voz interior que les convence a realizarlo,a pesar de las dificultades que entrañe dicha actividad.
Salvando las distancias y riesgos físicos que conlleva estar rascándole los pies a Dios en una montaña a ocho mil metros de altura con temperaturas que pueden alcanzar los cincuenta grados bajo cero,estas palabras del montañero vasco me llevaron a pensar instintivamente en todas aquellas personas que,sin saber muy bien el por que,sin encontrar una buena excusa para hacerlo-si me apuran,sin encontrarla porque sencillamente no la buscan-,dedican su vida a intentar explicar lo inexplicable delante de unas hojas en blanco.Me di cuenta,como ya he expresado en anteriores entradas en esta pequeña ventana de naderías que abro con humildad al resto de mortales,que la motivación de las verdades que uno encuentra en su camino está sentada en una silla contraria a toda lógica,a todo pensamiento al que cotidianamente denominamos normal o lógico.
¿Por qué este señor se juega la vida en cualquier ochomil?Sencillamente,por la misma razón por la que yo gano cierta calma conmigo mismo a costa del tiempo perdido por ustedes al leer estas líneas:porque nos araña por dentro si no lo hacemos,porque si Juanjo no sube una nueva montaña le ocurre algo parecido a mí si no me tumbo en este diván modelado a mi disposición,nos falta algo de oxígeno en nuestros pulmones.
Valgan estas líneas como respetuoso homenaje y reseña enfática a todas aquellas personas que empiezan,desarrollan y llevan a buen puerto todas aquellas necesidades literarias sin más ánimo que la simpleza de hacerlas en sí,puesto que me parece que si nuestra sociedad se inundara de este tipo de idealistas sería,cuando menos,bastante más pura,más bella,más humana.
Yo,desde luego,he recogido los aperos que Juanjo San Sebastián dejó en aquella charla.Y con esta nueva entrada en mis divagaciones,puedo decir claramente que he vuelto a dar un paso más hacia la cima en mi escalada personal.
Y además-al igual que él-sin oxígeno.
No queda otra opción.
Aunque la quisieras buscar
sólo puedes hacia delante.
En tu farmacia
las medicinas ya no curan
las sustancias inmortales.
Y en el baile final
los elementos se conjuran
deshaciendo los sueños esenciales.
El mar seguirá rumiando
las vidas que no esperan
y sus espejos al detalle.
Si en verdad pudieras
no dudabas,freno,
y a tierra el cable.
El ímpetu se durmió
en la almohada reflexiva
en que se pierden los corajes.
A fin de cuentas
no eres más que otro más.
Otro ripio incontestable.
Miro hacia atrás y puedo ver un mundo mejor.
Treinta y un años sin un ápice de madurez
como bien dijo Mikel en su momento,
aunque quizá no sentía,o mejor quizá se olvidó
de mencionar también la ingravidez.
Con Bukowski y su violencia sexual rebuscando la libertad
entre las inclinadoras y atrayentes migajas;
entre tazas de café con tibia leche y un azucarillo de soledad;
entre recelosos vasos amiláceos
y con corrosiva incontinencia similar a la de Sharpe.
Miro hacia atrás y puedo ver un mundo mejor.
Con la percha de mi traje algo encorvada
por las otras vidas,por los otros ojos,
aquellos que alguna vez me tiñeron de azul el mar interior.
Con el ansía de la escuela de seguir siendo menor
dejando de lado las ansías del frente,
con los punzones de la acritud obtusos
por la consuetudinaria e insustancial corriente.
Miro hacia atrás y puedo ver un mundo mejor.
Días extraños en los que recojo mis disfraces usados,
retales de mundos pasajeros que ya no son
con los que remendarme el abrigo,
ancla de esperanza para fríos venideros.
Con la enseñanza adquirida en su momento,
y la impronta en los soportales de la experiencia,
en caso contrario no preguntes donde será la espera.
Peregrino soy en el hurto de los asideros.
Miro hacia delante y puedo ver un mundo mejor.
La búsqueda no provocará lo esperado,
sino lo que la contingencia nos tenga deparado.
Esto es sólo por concluir como empecé,
paráfrasis a base de retales,algunos admirados.
Retomo estas reflexiones después de muchos días sin aparecer por aquí.Resulta complicado,por no decir imposible,medir de una manera eficaz y válida ese dichoso tiempo,pero al menos para mí hace bastante que no buceaba por aquí.Hace demasiado.
Si me obliga alguien-es decir,yo mismo-a dar una razón cargada de fundamento diré que mi imposibilidad se manifiesta en mi falta de tiempo libre.¿No tengo tiempo para vivir?Imagino que es una razón más que absurda,injusta,puesto que considero que todos y cada uno de los mortales se hace con un hueco,por pequeño que sea, para todo aquello cuyo desarrollo y realización le muerde el ánimo y le levanta de la silla de la comodidad y de las excusas…En todo caso,una época de turbulencias personales y reflexiones en demasía atribuladas es un más que aceptable subterfugio.
Además,y atendiendo a la marcada capacidad humana para desviar la atención y responsabilidad propia cuando de buscar excusas artificiosas se trata y,por lo tanto,de hallar una gran indulgencia para con uno mismo,diré que también encontré un buen bastón a mi ausencia con mis intimismos-es decir,conmigo mismo-en una frase del gran poeta Nicanor Parra,que sorprendido por la facilidad con la que cualquier “ilustrado” escribe lo que le viene en gana,respondió de manera perentoria que tal vez sería conveniente leer un poco más.Y que quieren que les diga,aparte de parecerme una grandísima afirmación,un auténtico axioma en esta y en cualquier otra sociedad que se precie de llamarse humana,me vino como anillo al dedo.
Me doy cada vez más cuenta que una de las ideas que me acompañaban desde hace mucho tiempo pierde valor,al menos el valor absoluto que le otorgué en su momento.Dicha línea divisoria-al menos la creía como tal-con respecto a muchos de mis semejantes era,y a pesar de su pérdida de intensidad vital sigue siendo,que no quiero dueños para mis sueños.La leí en alguna ocasión y,sobre todo,la escuché en una canción que me encantó desde el principio pero que tampoco viene al caso recordar aquí ni por su autor ni por su momento vital.Creo que ha perdido cierta vigencia porque,en el fondo de nuestro ser,todos necesitamos que al menos alguno de nuestros sueños sí tengan un dueño más o menos definido.
Por no divagar en exceso,me referiré a mis sueños engarzados con la literatura.Como ya he dicho en alguna entrada anterior,cada vez estoy más fervientemente de acuerdo con aquellos que promulgaron o promulgan a día de hoy que el que escribe-el que se siente escritor-no lo hace para nadie más que para sí mismo.Que lo hace para rellenar su cupo personal,su inquietud íntima e intransferible.En línea con mi idea me encuentro una deliciosa frase de Julien Gracq en la que este autor afirma que “El escritor no tiene nada que esperar de los demás,Créame,¡sólo escribe para él!”.
Quizás definitivamente este dando alguna vuelta sin ningún sentido y sin apenas rigor táctico,es decir,me parece que estoy caminando en círculos.Supongo que usted,en el caso que tenga la suerte de dirigirme a alguien con esta contestación impuesta por mí mismo,me perdonará este tipo de desvarío si le comento que otra máxima en mi vida,y ésta precisamente no siempre voluntaria,ha sido la de que no sé que voy a hacer pero eso es lo mejor.Eso es en cierta medida lo que estoy desarrollando ahora mismo,una especie de viaje a través de estas líneas con el que sé perfectamente de donde me quiero alejar pero que no me aporta ninguna certeza acerca de cual es el destino final.
Y por darle un cierto toque final de calidad literaria a este meneo personal con el que me estoy ganando un poco de oxígeno para mí,y con el que estoy regalando una buena dosis de aburrimiento para usted,comentaré para concluir que me apetece mucho parafrasear a mi admirado Vila-Matas y decir que la literatura es una república a la que le sentaría fatal tener un monarca.Si aceptamos esta afirmación como cierta-que lo es-,al menos no quiero despedirme sin reflejar que esta semana nos dejó,con la mismas e insultantes modestia y humildad con las que escribió,el que era uno de sus príncipes actuales.
Desde el pasado 17 de Mayo,las primaveras de la poesía sí que tendrán una esquina rota.
Los valores deben estar en la conciencia,
al menos esta vez no escribí
que los dictados ya nos corrompen por inercia.
Estas líneas para ti.
La influencia del porvenir no siempre,
ya no puedo decir lo mismo,
sobre el pasado se evidencia.
Otras dos para no continuar así.
Paraje de la desolación sin cuento
leo entre las venas,
me valdría para tu desesperación
algo sobre sentimientos y recuerdos helados.
Siempre con la subjetiva óptica
los caminos están entreverados,
y la resistencia de mi incólume supervivencia
también ya-como nosotros-inválidos,sobreseídos,agotados.
Lo de menos es el orden de preocupaciones en el que la sociedad actual sitúa a los diferentes problemas sociales.No es relevante la prioridad con que la ciudadanía desea que se resuelvan,al menos no en este artículo.Entre otras muchas razones,porque ese orden se altera temporalmente ante el más pequeño de los estímulos o agentes que cohabitan en las enfermedades sociales de las que estamos hablando.
Pero eso no quiere decir que no existan.Básicamente,y abusando del pleonasmo,porque existen.La idea de estas líneas no es enumerar-ni como ya he dicho,clasificar-dichos quebraderos de cabeza que a todos,algunos más que otros y a algunos más que a otros nos ocupan nuestras cabezas.
El terrorismo en general,y E.T.A. en particular,siempre ha sido uno de los grandes éxitos en la lista de ventas de los problemas más presentes en la sociedad,está claro.Hay cerca de cuatro millones de personas a los que el paro no le deja dormir,ni demasiado ni demasiado bien.Daños colaterales de este problema,desde luego,son las dichosas hipotecas de una manera directa,y cierto reverdecimiento de la inseguridad ciudadana,de una forma más indirecta-es mejor pedir que robar,ya saben-.La nueva moda impuesta en nuestro territorio calificada como violencia de género hace mucho tiempo ya que se ha instalado peligrosa y lamentablemente en la azotea de esta desgraciada lista.Y así podríamos seguir con más y más “defectillos” que tiene nuestra vida comunitaria en paz y armonía.
Afirma el inclasificable y polifacético Alejandro Jodorowsky,destacable sobre todo por ser el progenitor de la psicomagia,que el ser humano es como un coche tirado por cuatro caballos en diferentes direcciones.Está la razón,que se basa en pensamientos,el corazón,fundamentado en sentimientos,el sexo,asentado en deseos y,por último,el cuerpo,que se aviene con nuestras necesidades y actuaciones.
Si aceptamos y tomamos como referencia de nuestra existencia-o inexistencia,según los casos-dichas afirmaciones del genial artista,veremos como nos resulta prácticamente imposible encontrar un sitio intermedio,un punto de fricción donde concurran estos cuatro elementos.Históricamente,incluyendo nuestros atribulados días,el ser humano ha sido capaz de secundar las veleidades y dictámentes de,como mucho,dos de ellos.Y si me apuran,dos partes de nuestro propio yo han sido y son el contrapunto de los otros dos.En definitiva,por no liarlo más de lo que parece,si nos aferramos a la cabeza parece inviable no encerrar el corazón en el sótano;o si nos dejamos llevar por nuestros deseos más internos y primitivos,asentaremos en esa senda a nuestros actos pero iremos emborronando lo que habita nuestra mente.
Bueno,pues sin ánimo de contravenir a nadie,ni pretender regalar a ningún semejante el descubrimiento de ningún hallazgo de esta índole,afirmo la existencia de un aspecto en nuestro devenir en el que confluyen estos cuatro puntos cardinales de nuestro mapa vital.Aunque parezca una banalidad,me refiero al fútbol.Simple y llanamente.
Si nuestros compañeros de clase arrinconados y automarginados se dedican a poner un coche-bomba o a pistolear a alguno de nosotros-todavía no he cogido el criterio de sus andanzas,disculpen mi ignorante necedad-salimos a la calle,guardamos cinco minutos de silencio en la puerta de nuestro trabajo y chau,que diría un rioplatense.
Si nos cierran la fábrica y no tenemos muy claro que vitaminas van a encontrar nuestros hijos en el aire de la calle,cogemos cuatro pancartas y dos altavoces y nos quejamos,pero bajito,que nuestra clase política y sus compañeros de mantel empresarial están durmiendo la siesta y no es recomendable despertarles.
Si la mujer del vecino está harta que éste venga todos los días a las tantas de la madrugada y encima se queje que la cena esté fría,y el susodicho decide arreglar tamaña afrenta por su propia cuenta y manda a la ingobernable de su mujer a la cama de madera,cerramos la puerta y ventanas de nuestra casa escandalizados y nos sentamos a ver a que famoso han echado de una horrible isla en el otro lado del globo,que para eso llevo todo el día trabajando y me encuentro muy cansado y,que narices,a quien Dios se la dé que San Pedro se la bendiga.
Pero eso sí,a nuestro equipo de fútbol que no nos lo bajen a Segunda División porque el cacique de turno que lo dirige a su antojo se le haya olvidado hacer frente a los pagos.O que no nos llegue ningún Cid Campeador y nos burle a nuestra estrella para llevárselo a las filas del máximo rival.Eso sí que no.
Que no tendremos para irnos de vacaciones y fardar en la oficina enseñando aburridas y repetitivas fotos,ni para vestirnos como marcan los grandes de las pasarelas,ni siquiera para comer algo cuando lleguemos a casa porque el dinero se cobra un lunes y se gasta el viernes anterior,pero eso sí,que no nos quiten el opio,que entonces nos volvemos cabales y a ver si empezamos a darnos cuenta de las cosas y va a ser peor el remedio que la enfermedad.
Bendito país.